Mi argumento, en este mundo globalizado, creo que es válido. Sintiéndome, como me siento, ciudadano de un mundo sin fronteras y partiendo de la base de que en España los partidos que nos gobierna cada vez representan menos a nadie, tengo todo el derecho del mundo a pedir que mi presidente sea Pepe Mujica. Me acojo incluso al recién bautizado (en este mismo momento que escribo esta línea) derecho a la vergüenza ajena. En este mundo finito de horizontes cada vez más estrechos uno debería poder elegir, si es que hubiera que elegir un gobierno que fuera más allá de nuestra sana conciencia, al gobernante con el que más se sintiera identificado o, cuando menos, al que menos le abochornase. En los extremos de ese amplio espectro, el de la identificación y el bochorno, se encuentran, por un lado, el presidente de Uruguay, Pepe Mujica, y el presidente de España, nuestro Mariano.
Tengo miles de argumentos para querer a un presidente como Mujica en la tierra que piso. Quizá en otro momento los exponga con más detalle, puede que acompañados de una recogida de firmas en Change, o Avaaz o una de estas para pedir que quiten a Mariano y nos lo traigan. Mientras tanto creo que me vale este vídeo que acabo de editar para el Mundo de Mañana en el que rescato fragmentos de los discursos de ambos presidentes ante la Asamblea General de la ONU el pasado mes de septiembre. La inevitable comparación habla por sí misma. Uno habla del futuro previsible y del deseable. El otro se encharca en el pasado más casposo e innecesario. Se lo dejo aquí para fomentar el debate y seguir abriendo nuestra mente política. Que lo disfruten (y lo comenten).