Actualidad, Bitácora

Amenazados de muerte allá, pisoteados acá. #Diadelosperiodistas

No se mata a la verdad matando periodistas. Manifestación en Honduras.

Me entero de que hoy, San Francisco de Sales, es el día de los periodistas, y me entero, aparte de porque tuiter es a los días internacionales de no-sé-qué lo que facebook es a los cumpleaños que nunca recuerdas, porque la Asociación de la Prensa de Madrid ha presentado con motivo de la fecha una Declaración en la que se denuncia (al fin) de manera tajante la degradación que está sufriendo la profesión. Aunque me faltan nombres y apellidos en el documento, ciertamente iba siendo hora de concretar de forma oficial ese #gratisnotrabajo que muchxs profesionales llevamos gritando desde hace tiempo (la mayoría de las veces, desafortunadamente, en tertulias de café). Como dato anecdótico, caigo en la cuenta de que la cafetería a la que iba a hacer pellas durante mis años de instituto se llamaba, precisamente, San Francisco de Sales. La vida. Tiene estas cosas, supongo.

Libertad de expresión en Honduras.

Sin embargo, la fecha me hace saltar el océano y la denuncia lícita, a la que me adhiero, y me lleva directamente hasta Honduras, donde ya van 17 comunicadores sociales y periodistas asesinados desde la toma de posesión de Pepe Lobo, heredero del golpe de Estado militar de Micheletti aún no resuelto pero rápidamente olvidado desde esta orilla tan pendiente de la actualidad. El reciente World Report 2012 de la organización Human Rights Watch (HRW), en su apartado de Honduras, remarcaba que “desde que Porfirio Lobo asumió la presidencia en enero de 2010 hasta noviembre de 2011, agresores no identificados asesinaron a al menos 12 periodistas. Muchas de las víctimas habían repudiado el golpe de Estado o habían informado sobre casos de corrupción o violaciones de derechos humanos. Otros periodistas han recibido amenazas de muerte.” Tanto es así que, el año 2010, el país centroamericano fue considerado por Reporteros Sin Fronteras el más peligroso del mundo para ejercer la profesión periodística, por encima de países en conflicto bélico como Irak o Afganistán. Sin embargo, acá, silencio. Y lo que duele más, silencio por parte de sus propios compañeros de profesión. Honduras no le importa a nadie.

La periodista Gilda Silvestrucci.

Me llega precisamente hoy la noticia de que Gilda Silvestrucci, compañera de Radio Progreso, ese medio resistente en el que tanto pude aprender de la profesión y del compromiso total con la verdad que esta implica, está amenazada de muerte. Unas amenazas que llegan, casualmente, pocos días después de que denunciase, junto al Colectivo Periodistas por la Vida y la Libertad de Expresión, “al señor Porfirio Lobo Sosa, Presidente de la República, al General René Arnoldo Osorio Canales, Jefe del Estado Mayor conjunto de las Fuerzas Armadas, y al General Andrés Felipe Díaz, Jefe de la Guardia de Honor Presidencial, por delitos cometidos contra el ejercicio de los Derechos garantizados por la Constitución de la República, abuso de autoridad y tratos crueles, inhumanos y degradantes.” El relato, que se puede leer en la página de Radio Progreso, es estremecedor y provoca, de pura impotencia, la rabia y la nausea. Tras varios días de sospechas sobre vehículos que, al parecer, la seguían, recibió una llamada anónima que le decía “ya sabemos que tenés tres hijos, que la mayor tiene 15 años, que ahorita andás en la calle con tu hijo de 7, y que la mayor está en tu casa, cuidando a la niña de 1 año, y te vamos a matar.” Todo por ser periodista. Todo por buscar la verdad.

Es por casos como este por lo que merece la pena proteger la profesión, es por esto que es tan importante procurar y fomentar la existencia de periodistas independientes que se arriesguen a denunciar y a buscar más allá de lo que ofrecen las agencias (tan controladas), es por esto que es lícito y urgente un documento como el de la Asociación de la Prensa de Madrid, ya que un periodismo digno exige una remuneración y unas condiciones de vida dignas. Porque sin periodistas independientes, casos como el de Gilda Silvestrucci y tantos otros profesionales comprometidos quedarán silenciados. Porque si tiene algún sentido o alguna coherencia esto del #diadelosperiodistas más allá de la autopalmadita en la espalda, llevará asociado, a la fuerza, el nombre de Gilda Silvestrucci.

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