Miguel Ángel Vázquez

Miguel Ángel Vázquez ha escrito 199 entradas para el Mundo de Mañana

Encuesta de la semana: ¿Qué opinas de la campaña ‘Kony 2012’?

 

Cuando escribo estás líneas ya es la campaña viral más exitosa de la historia. Más de cien millones de reproducciones en menos de una semana de un vídeo que, cuando menos, está resultando polémico a la par que efectivo. La organización estadounidense Invisible Children lanzó hace siete días una campaña para visibilizar a Joseph Kony, uno de los muchos fanáticos asesinos que en África (y en el mundo) existen, con intención de que la justicia internacional le detenga antes de finales de este año. Para ello realizó el vídeo de media hora que encabeza esta entrada y, desde entonces, no han parado de surgir filias y fobias por los métodos empleados y las soluciones propuestas para atajar el conflicto. Como creo que merece la pena que nos posicionemos ante un asunto como este, que implica que por primera vez en mucho tiempo la gente se exprese sobre la realidad del Sur de forma masiva, os invito a participar en la encuesta de esta semana. Aunque me reservo mi opinión para un artículo que estoy preparando y que llevo en las entrañas desde hace tiempo, sí diré que, por un lado, no puedo ver las lágrimas del niño sin que se me remueva el mundo y quiera ir a abrazarle, no soy capaz de soportarlas, y, por otro, que tenemos que empezar a dejarnos de soluciones tan coloniales y prepotentes en las que yo, que soy tan bueno, tan blanco, tan listo y tan solidario, ayudo a ese pobre negro que me necesita. El Sur no necesita que le echemos una mano, necesita que le quitemos el pié de encima. Sea como sea, no se pierdan el vídeo. Merece la pena.

Y ahora, ¡voten, voten!

Reflexión de lunes. Así estamos.

Porque la expresión «ganarse la vida» es en sí terrible y lamentable. Porque la vida me la dio (gratis) mi madre y no necesito ganármela, la tengo. Porque a poco que se ponga uno a filosofar con seriedad y a pensar en lo que consisten la felicidad y la vida, muy pocas cosas tienen sentido.

De lunes. Feliz semana. Pues eso.

Frustración y rabia en los derribos de El Gallinero

Temblaba. Cuando las decenas de policías nacionales irrumpieron en formación de legión romana en El Gallinero tengo que reconocer que temblaba. Antes, en menos de diez minutos, habían rodeado todo el terreno que circunda el poblado con policías montados a caballo y cerrado todos los accesos por carretera con lecheras y furgones. Armados como para una guerra y pertrechados con todas sus defensas reglamentarias (cascos, escudos, chalecos, guantes, espinilleras), penetraron en fila de a tres y con paso marcial en una de las estrechas calles de tierra que da acceso a este asentamiento humano en el que viven aproximadamente cien familias desde hace ya siete años, una de las zonas más deprimidas de Madrid ubicada a escasos catorce kilómetros de la Puerta del Sol. Avanzaban levantando polvo a su paso, haciendo ruido con sus botas contra el suelo y sin detenerse ni mirar hacia los lados, como si lxs compañerxs de San Carlos Borromeo y yo que allí nos encontrábamos en el medio de la calle fuésemos invisibles. Temblaba digo, pero de rabia. El operativo policial, al que no tardó en sumarse el helicóptero volando a ras del suelo, era a todas luces desmedido y más a sabiendas del objetivo que perseguían. No se trataba de una redada, ni tan siquiera de un registro en busca de delitos, lo que los policías buscaban no era otra cosa que controlar e intimidar a todo el poblado a la par que escoltaban a imperturbables personajes del Ayuntamiento de Madrid  desplazados hasta la zona para coordinar el derribo de varias viviendas. No existía aviso previo, no había ninguna notificación, no había ni tan siquiera una intuición que hiciera pensar a los habitantes de El Gallinero que esa mañana iban a venir a destrozar sus hogares. Sin más, el ejército policial comandado por el siniestro Julio César Santos, gerente de urbanismo del Ayuntamiento, venía a informar de que en el plazo de media hora (treinta minutos) iban a derribar sus viviendas y que ese era el tiempo que tenían para vaciar todo lo que hubiera dentro de las mismas. Media hora (treinta minutos).

Derribo de la primera vivienda en El Gallinero

Mención, y párrafo, aparte merecen el mentado Julio César Santos, al que el apelativo de siniestro no le viene regalado sino ganado a pulso. Este gerente de urbanismo es un viejo conocido tanto de El Gallinero como de la cercana Cañada Real Galiana, ya que es el encargado de coordinar los derribos que en ambos poblados se realizan. Aunque no es más que un funcionario del Ayuntamiento, un coordinador, cada vez que sale de «misión» prepara su indumentaria a conciencia como si de un cuerpo especial de los geos se tratara. Gafas de sol con montura negra, ropa oscura, braga tapándole media cara, botas, guantes y, por lo general, gorro de lana con visera también negro calado hasta las orejas. En ocasiones se cubre con un casco antiguo, siempre todo negro, sustituyendo al citado gorro. Para completar su indumentaria de acción, lleva amarrado al cinturón un martillo y una navaja. El primero le sirve para marcar mediante un golpe en la pared las casas que van a ser derribadas, la segunda no duda en sacarla con agilidad de pendenciero para recortar los trozos de tela, moqueta o cartón que se quedan enganchados en la pala de la grúa mientras esta está funcionando. Aunque este estilo tan peculiar sería más que suficiente para intuirle una personalidad psicótica, y su escasa estatura una serie de más que probables complejos muy mal proyectados, lo que hace realmente despreciable y siniestro al tal Julio César Santos son sus nefastos modos, tratando a las personas como animales, y una llamativa hiperactividad a la hora de derribar las viviendas la cual le lleva a ejecutar en muchas ocasiones a él mismo el trabajo de los operarios, a pesar de ser el mero coordinador del derribo. Se diría que disfruta.

Ahí había una casa.

Una vez hubieron rodeado el poblado y cortado todos los accesos, con decenas de policías saturando las calles interiores formadas por los espacios entre las casas de cartón, comenzó el primer derribo. Previamente doce agentes de la ley habían intimidado a una mujer con sus dos hijos para que abandonasen la vivienda y se alejasen de la misma. De nada sirvió que Patricia Fernández, abogada de la gente de El Gallinero y voluntaria de San Carlos Borromeo, informase a los agentes de que sin una orden de derribo no podían tirar la vivienda, antes de que nos pudiéramos dar cuenta la grúa, con sus ruedas de oruga y una cabina que rozaba constantemente los delicados cables de la delicada instalación eléctrica del poblado, ya estaba allí. Fue ese el primer momento en el que a los agentes de la secreta, mención especial a dos chavales de no más de veinticuatro años vestidos de Pope y Charly para la ocasión, les dio por reparar en nuestra presencia. El cinismo era evidente, ya que los voluntarios de la parroquia llevan siete años acompañando a la comunidad de El Gallinero y luchando por ser considerados mediadores válidos entre esta y los distintos agentes sociales y de la ley. Las caras las conocían de sobra. Aún así en ningún momento se pidió colaboración, ni  mucho menos se ofreció información, para hacer más llevadera a las familias la terrible situación que estaban viviendo. Era como si, directamente, no existiésemos. O peor ya que, cuando la presencia de algunos empezaba a incomodar a las conciencias o a los planes del operativo policial, se optó por separarles del foco donde se estaban tirando los edificios. Así, Javier Baeza, párroco de San Carlos, y la mencionada Patricia Fernández, abogada, fueron encerrados a la fuerza en distintas chabolas escoltadas por policías «por su seguridad». A partir de aquí la indefensión de las familias desalojadas fue absoluta ya que la única persona con poder para pedir las autorizaciones judiciales de derribo estaba retenida.

La vida es irónica en El Gallinero. Cartel de Ikea sobre unas ruinas.

En total fueron nueve viviendas las que derribaron en la mañana del pasado lunes 5 de marzo, mañana de infausto recuerdo para los derechos humanos en nuestra ciudad. Cabe destacar que para las nueve viviendas derribadas sólo traían una única orden y que esta no era de derribo sino de desalojo. Aunque el argumento judicial era que el legítimo dueño de la tierra había denunciado a la comunidad de El Gallinero y había ganado, lo cierto es que se destruyeron casas desperdigadas a lo largo de todo el poblado. Como me decía uno de los hombres frente a las ruinas de su vivienda: «En Rumanía cuando alguien tiene tierras tiene 500 metros, no cinco metros aquí, otros cinco allá y otros cinco más lejos aún. ¿Para qué querría alguien tener terrenos así? ¿Qué utilidad tiene?«. Parece que más que responder a las ansias acaparadoras de terrenos baldíos de los supuestos dueños de la tierra, lo que pasó este lunes en el poblado de El Gallinero fue un aviso para los habitantes del mismo, una llamada de atención y una demostración de poder. Tal vez no fuese más que un globo sonda para ver cómo reaccionaban la sociedad y los medios ante el derribo. Si nadie dice demasiado, tienen carta blanca para tirar el poblado entero y ahorrarse dolores de cabeza en cuestiones sociales que pueden quitar tiempo de soñar con el eterno y recurrente sueño olímpico. Da la terrible casualidad de que todas las familias que de improvisto se vieron sin techo con el que cubrirse en esta jornada de derribos tenían todos sus papeles en regla, estaban empadronados, tenían permiso de trabajo y residencia y tenían a todos sus hijos escolarizados. Sólo les faltaba un guiño del destino, algo de suerte, y una vivienda digna.

Los muebles en la calle de una de las viviendas.

Destaco, de todo el absurdo vivido en El Gallinero, dos anécdotas. La primera tiene como protagonistas a cinco policías nacionales y dos niños. Los últimos, asombrados y asustados por todo lo que estaban viendo esa mañana, caminaban por la misma calle de tierra por la que caminan a diario mientras miraban los caballos lejanos que rodeaban todo el perímetro. Al pasar demasiado cerca de los cinco agentes, uniformados, con escudos, cascos, chalecos, escopetas, estos se pusieron a gritarles «¡Niños! ¡largo de aquí! ¡Apartaos!». Uno de ellos, sorprendido, les miró y, de puros nervios, sonrío (tenían apenas siete años). El más macarra del grupo de nacionales, envalentonado, le gritó «¡Ya te voy a dar motivos yo para que te rías, niñato! ¡Largo de aquí! ¿No me oyes?». Fue ese el momento en el que uno de los voluntarios de la parroquia le informó de que ese niño al que gritaba era sordo; y que era un niño. La segunda anécdota sirve para reflejar con claridad lo que supone todo lo que aconteció esa mañana de destrucción y prepotencia. En una de las viviendas que iban a ser derribadas, al no haber habido ningún tipo de aviso previo y al realizarse durante la mañana de un día laboral,  sólo se encontraba una mujer con su hijo de tres semanas de vida. El marido se encontraba trabajando. Sin ningún atisbo de decencia o de humanidad, se hizo a esta mujer cargada con su criatura desalojar la vivienda en la media hora que daban a todos los demás y se procedió, acto seguido, al derribo de la misma. Cuando, al medio día, el marido llegó del trabajo, se encontró a su mujer sentada entre los muebles y electrodomésticos que había conseguido rescatar a las puertas de las ruinas de su hogar de los últimos siete años.

Dicen que es posible que el terreno que ocupa ahora el asentamiento humano de El Gallinero vaya a ser destinado, en el caso de concretarse las negociaciones, al proyecto del megacasino EuroVegas que tantas protestas (lógicas) está despertando. Sea como sea, la protección social prevista para estas más de cien familias no va más allá de las dos noches de hotel de realojamiento ofrecidas como alternativa mientras encuentran, en ese ínfimo plazo, otro lugar donde vivir. Y después, la calle. El frío. La vergüenza del sistema.

Les dejo a continuación, para complementar la información y en tres imágenes, algunos de los tuits que envié esa mañana de frustración y rabia en los derribos de El Gallinero. Van del último al primero.

¿Es posible ser feliz con esta vida?

Ayer, en el transcurso de una reunión cargada de creatividad, entusiasmo y sueños sobre un proyecto que va a revolucionar este blog y del que ya les iré hablando más adelante, me descubrieron este vídeo de Gnarly Bay como muestra de lo que podríamos llegar a hacer enfocándolo hacia nuestros objetivos. Soy incapaz de verlo sin emocionarme, sin que se me pongan los pelos de punta y un nudo en la garganta. Son tan bellas las imágenes… Es tan bello el texto…

A mí, aparte de hacerme soñar con el futuro inmediato de ‘El Mundo de Mañana’ y todo el potencial que escondía sin saberlo esta plataforma, me ha transportado directamente a mi proyecto compartido de vuelta al mundo. Se lo dejo aquí para que lo disfruten a lo largo de este fin de semana cargado de reivindicaciones que estrenamos y se admiren ante el mundo bello que tenemos, a pesar de tantas sombras impuestas y tonos grises de rutina. La vida es maravillosa (con perdón).

Me traía yo a Don Ramón para hablar con Esperanza Aguirre de agua pública y privada.

Uno de los proyectos que más tiempo y entusiasmo me llevó en mi año hondureño fue uno relacionado con la protección del agua y el suministro de la misma en una comunidad campesina ejemplar. Aunque el fin último del mismo era construir una red de abastecimiento de agua potable para todas las viviendas de El Porvenir, que así se llama la comunidad, el proyecto comprendía multitud de aspectos relacionados con la promoción, la relevancia y el cuidado del líquido elemento y la propiedad de las comunidades campesinas sobre sus propios recursos naturales. En las luchas que Don Ramón, hombre admirable al que le debo una entrada entera, si no un libro, y los miembros de su patronato tenían con la Municipalidad de Choloma, me llamaba la atención como se daba por entendido desde la altas esfera políticas hondureñas, cloaca infame del país, que el agua pertenecía no al pueblo sino a las empresas que la gestionaban. El agua, fundamental para la vida, era un negocio como la gasolina y sólo aquellos con posibilidad de pagarla tenían derecho a una buena red de abastecimiento (y potabilización). Una realidad muy parecida a la mostrada en la película «También la lluvia» de Icíar Bollaín en la que se refleja el conflicto boliviano de la guerra del agua.

Don Ramón, apoyado en el tanque de agua, vigilando la obra en El Porvenir

En estas reflexiones sobre la injusticia de un gobierno corrupto hasta la nausea que quiere cobrar a sus ciudadanos por los recursos imprescindibles y privatizarlos como propios para seguir haciendo negocio, vuelve uno a Madrid, a ese cómodo y acomodado «primer mundo», y se encuentra con que Doña Esperanza Aguirre tiene como plan de futuro el plan de pasado del que yo acababa de llegar (y al que me había enfrentado acompañando a la comunidad en sus luchas). Luego acá los tertulianos y los teóricos, que saben mucho de todo, y los neoliberales, que saben justo la forma de refundar el sistema para que (les) funcione, me dicen que es un buen negocio, que merece la pena y que, además, es la única salida que tenemos. Hay que privatizar el Canal de Ysabel II. Hay que privatizar (poner en manos de empresas privadas) el agua. Y claro, uno recuerda sus luchas que cree exclusivas de determinadas partes del globo y no se termina de creer muy bien lo que está pasando. Tampoco termina de creerse que ese pensamiento tan antisistema sobre el derecho al agua haya sido implantado en mi mente, no por la experiencia vivida en Honduras al pie mismo de la injusticia más patente, sino por el hábil a la par que taimado Rubalcaba que todo lo puede y que sólo quiere hundir el país para revolcarse en sus cenizas. Que digo yo que qué me importará a mí el señor Rubalcaba, si voto a Por Un Mundo + Justo. En fin…

El Roto, genial siempre

El caso es que, con todo, en esta otra orilla del globo también hay otra comunidad dispuesta a plantar cara a los que quieren privatizar recursos que no les pertenecen y hacer llegar su voz, que es la de todos, hasta donde se toman las decisiones. Este domingo 4 de marzo, con una organización increíble y que llama poderosamente la atención, se ha convocado una consulta social sobre la privatización del Canal de Ysabel II a la que estamos todos llamados, sea cual sea nuestra opinión. Para ello, se establecerán mesas consultivas con una papeleta por todo el territorio madrileño para poder llevar nuestra opinión hasta la Comunidad de Madrid. Es un buen momento para expresarnos, sea cual sea nuestra idea al respecto, sobre algo que nos implica muy directamente. Los medios y la invitación a participar están en marcha. Sólo queda saber si será más poderoso el sofá que el compromiso con nuestra comunidad y nuestros conciudadanos.

El 29 de febrero que Don Ángel cumplió 15 años.

A la derecha de la imagen, Don Ángel Monzón acompañado de su mujer y de otros mitos.

«El cielo está despejado. Bajo las pocas nubes se ve la montaña nevada. Es de día…» El texto siempre llevaba el mismo título: ‘Descripción’. Cuando sonaba esa palabra clave, todos sacábamos nuestras postales o los recortes hechos con mayor o menor fortuna en la revista de turno y comenzábamos a escribir como activados por un resorte. El orden siempre era el mismo, de arriba a abajo, describiendo en un párrafo lo que veíamos en el paisaje de la imagen y procurando no saltarnos ningún detalle de la misma. Durante el tiempo que duraba el ejercicio conseguíamos, sin darnos cuenta, entrar dentro de la foto, saber si hacía frío o calor, la fuerza del viento, el sonido del río o, de haberlos, de los pájaros. Éramos la clase de 3ºC de EGB de los Sagrados Corazones y ese era uno de nuestros rituales fundamentales. Lo seguiría siendo a lo largo de los dos años siguientes como también lo serían las clases de dramatización en las que unas incipientes ‘PotiNoticias’, presentadas por títeres nacidos de calcetines viejos y cartones de huevos, daban pistas por entonces indescifrables de lo que acabaría siendo una vocación.

Tardé aproximadamente diez años en empezar a pensar, hasta entonces sólo imaginaba y divagaba, y fue a través de esas clases que comencé a hacerlo. El responsable de todo aquello, y por lo tanto de que me diera por pensar, era un hombre de mediana edad de traje impecable, ojos azules que reflejaban los cuadros de sus años de bellas artes y un eterno olor a cigarrillo. Don Ángel Monzón Luján. El primer impacto fue aterrador. Veníamos del mundo de la plastelina y los dedos manchados de pegamento y aquel hombre con corbata y, a nuestros ojos de niños, terriblemente mayor, nos llamaba por nuestro apellido y se presentaba a sí mismo como «Don Ángel». Daban ganas de saltar y decir: «creo que se ha equivocado de aula, aquí somos todavía niños». Pero rápidamente entendimos el reto. Esto iba de hacerse mayores, de crecer, de aprender, y, para ello, nosotros tendríamos que subir el nivel y ese hombre de aspecto serio estaba dispuesto a bajarlo para estar todos a la misma altura y tratarnos como iguales. Pronto los motes sustituirían a los apellidos y las risas al inicial aspecto serio de un hombre con un sentido del humor irrepetible, capaz de hacer comprender su ironía a niños de diez años.

Un 29 de febrero entró en clase anunciando que ese día era su cumpleaños (todos sabíamos los de todos) y, al preguntarle que cuántos cumplía, nos dijo con un aplomo absoluto que quince. Las risas no se hicieron esperar, ya que nos había acostumbrado a la sana costumbre de reírnos de nosotros mismos y él era el primero que invitaba a la broma con constantes referencias a su «melena» calva, pero él insistía en su afirmación. Bella forma de entender los años bisiestos y de entender también, veinte años después, que uno cumple los años que lleva en el corazón y no los que dictan las canas. Hacen falta muchos años, dijo una vez Picasso, para llegar a ser joven.

De los recuerdos que me llevo conmigo de aquellos tres años increíbles en los que los 40 de «C» nos empezamos a convertir en lo que somos, fue una vez que un compañero, en el tiempo de plástica, dibujó con muchísimo esmero un tanque con todas sus armas, todos sus aparejos militares, todas sus banderas y todos sus cañones a punto de conquistar una población. El dibujo en sí era impecable. Al enseñárselo, orgulloso, a Don Ángel para escuchar su veredicto, este dijo una frase que se me quedaría grabada y que daría alas, tal vez, a posturas que hoy implican mis actos. Cogiendo el dibujo, y tras examinarlo minuciosamente, desde sus ojos de pintor, le dijo: «muy bonito, pero no me gusta». Muy bonito, pero no me gusta.

Y así, hasta hoy. Estés donde estés, gracias Don Ángel por enseñarme a pensar.

Haiku 9. Etílico.

Encuesta de la semana: ¿Qué opinas de las manipulaciones de Intereconomía y del periodismo de investigación de ABC?

Parece que las arcas de Intereconomía están cada vez más vacías y que los suscriptores que le quedan al ABC, esos que con cariño empezaron a comprarlo hace ahora ochenta años, se acercan poco a poco a su encuentro con la luz al final del tunel. Esto es un negocio y, al final, para mantenerlo, todo vale. Ambos medios son conscientes de que el adagio aquel que invita a que hablen de uno, aunque sea mal, funciona. Sobretodo si de vender publicidad desde sus soportes se trata. Lo pudieron comprobar el pasado mes de mayo cuando, a raíz de todos los sucesos relacionados con el 15-M, tuvieron sus picos históricos de audiencia. Con Intereconomía pasa como con la información deportiva del Real Madrid, que quien no lo ve porque les ama, lo ve porque no puede con ellos, para criticar y desahogarse. Al final el dinero de los anunciantes no hace esa distinción y llega para mantener a esos medios que, por medio de la polémica, consiguen ir escurriéndose día a día para sobrevivir.

No es manipulación... es información poco concreta...

Tras las gloriosas manipulaciones de la información relacionada con el 15-M con aquel ya histórico «aquí huele un poco a porro, ¿no?», ahora han decidido multiplicar la audiencia con los sucesos de Valencia de la pasada semana y, ni cortos ni perezosos, han hecho un vídeo que parece sacado de la etapa mala de Cruz y Raya que, de puro evidente, despierta hasta la ternura. Lo pueden ver encabezando esta entrada. Es impagable. La falsa afección de la presentadora, el movimiento de cámara haciendo como que se cae, pero no, el tipo sospechoso de las gafas de sol y el móvil con cara de malo, ese no cortar el audio y que se vea que nadie grita ni dice nada en realidad… La verdad, no sabría con qué quedarme de esa joya del periodismo en vivo. Ante estos esfuerzos del medio centenario y de la cadena del toro azul, y después de la flagrante injusticia de que no hayan recibido una sola nominación en los Oscars recién celebrados, no podíamos dejarles fuera de la encuesta semanal. Seguro que el tema es de su interés y encuentran una respuesta que se ajuste a lo que piensan. De no ser así, les invitamos a que nos indiquen cuál sería su respuesta ideal en los comentarios a la entrada. Y ahora, no se corten, ¡voten! ¡Voten!

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La cita del mes

"No hay nada más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo".

-Víctor Hugo-

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