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«Somos policías, no adivinos» y otros grandes argumentos sobre las redadas racistas.

El otro día, notificando a las Brigadas vecinales de observación de Derechos Humanos una redada racista en mi barrio, una sana práctica que recomiendo a todo el mundo, me encontré con una reacción por tuiter que, ciertamente, no esperaba. El Sipe, un sindicato independiente de policía con una definición de sí mismo cuando menos curiosa, me escribía directamente para hacerme una pregunta cargada de ironía acerca de cuándo es lícito realizar detenciones. Aproveché la oportunidad para iniciar un debate que no tuvo desperdicio. Dentro de las grandes argumentaciones para justificar que se realicen controles de identidad en la calle a personas de otra raza, práctica que directamente les criminaliza dando por entendido que por el mero hecho de ser de otro color eres sospechoso de cometer una irregularidad, destacan perlas como «es ley de vida» o «no podemos ir contra la Naturaleza», aunque sin duda yo me quedo con la de «no somos adivinos». Supongo que esto del «no somos adivinos» debe de ser el nuevo «la policía no es tonta«. En fin, para que no os perdáis un detalle de esta conversación y para que podáis juzgar por vosotrxs mismxs, os la dejo aquí entera para que le echéis un vistazo. Mientras, yo me voy preparando para cuando también esto (argumentar) sea delito.

Frustración y rabia en los derribos de El Gallinero

Temblaba. Cuando las decenas de policías nacionales irrumpieron en formación de legión romana en El Gallinero tengo que reconocer que temblaba. Antes, en menos de diez minutos, habían rodeado todo el terreno que circunda el poblado con policías montados a caballo y cerrado todos los accesos por carretera con lecheras y furgones. Armados como para una guerra y pertrechados con todas sus defensas reglamentarias (cascos, escudos, chalecos, guantes, espinilleras), penetraron en fila de a tres y con paso marcial en una de las estrechas calles de tierra que da acceso a este asentamiento humano en el que viven aproximadamente cien familias desde hace ya siete años, una de las zonas más deprimidas de Madrid ubicada a escasos catorce kilómetros de la Puerta del Sol. Avanzaban levantando polvo a su paso, haciendo ruido con sus botas contra el suelo y sin detenerse ni mirar hacia los lados, como si lxs compañerxs de San Carlos Borromeo y yo que allí nos encontrábamos en el medio de la calle fuésemos invisibles. Temblaba digo, pero de rabia. El operativo policial, al que no tardó en sumarse el helicóptero volando a ras del suelo, era a todas luces desmedido y más a sabiendas del objetivo que perseguían. No se trataba de una redada, ni tan siquiera de un registro en busca de delitos, lo que los policías buscaban no era otra cosa que controlar e intimidar a todo el poblado a la par que escoltaban a imperturbables personajes del Ayuntamiento de Madrid  desplazados hasta la zona para coordinar el derribo de varias viviendas. No existía aviso previo, no había ninguna notificación, no había ni tan siquiera una intuición que hiciera pensar a los habitantes de El Gallinero que esa mañana iban a venir a destrozar sus hogares. Sin más, el ejército policial comandado por el siniestro Julio César Santos, gerente de urbanismo del Ayuntamiento, venía a informar de que en el plazo de media hora (treinta minutos) iban a derribar sus viviendas y que ese era el tiempo que tenían para vaciar todo lo que hubiera dentro de las mismas. Media hora (treinta minutos).

Derribo de la primera vivienda en El Gallinero

Mención, y párrafo, aparte merecen el mentado Julio César Santos, al que el apelativo de siniestro no le viene regalado sino ganado a pulso. Este gerente de urbanismo es un viejo conocido tanto de El Gallinero como de la cercana Cañada Real Galiana, ya que es el encargado de coordinar los derribos que en ambos poblados se realizan. Aunque no es más que un funcionario del Ayuntamiento, un coordinador, cada vez que sale de «misión» prepara su indumentaria a conciencia como si de un cuerpo especial de los geos se tratara. Gafas de sol con montura negra, ropa oscura, braga tapándole media cara, botas, guantes y, por lo general, gorro de lana con visera también negro calado hasta las orejas. En ocasiones se cubre con un casco antiguo, siempre todo negro, sustituyendo al citado gorro. Para completar su indumentaria de acción, lleva amarrado al cinturón un martillo y una navaja. El primero le sirve para marcar mediante un golpe en la pared las casas que van a ser derribadas, la segunda no duda en sacarla con agilidad de pendenciero para recortar los trozos de tela, moqueta o cartón que se quedan enganchados en la pala de la grúa mientras esta está funcionando. Aunque este estilo tan peculiar sería más que suficiente para intuirle una personalidad psicótica, y su escasa estatura una serie de más que probables complejos muy mal proyectados, lo que hace realmente despreciable y siniestro al tal Julio César Santos son sus nefastos modos, tratando a las personas como animales, y una llamativa hiperactividad a la hora de derribar las viviendas la cual le lleva a ejecutar en muchas ocasiones a él mismo el trabajo de los operarios, a pesar de ser el mero coordinador del derribo. Se diría que disfruta.

Ahí había una casa.

Una vez hubieron rodeado el poblado y cortado todos los accesos, con decenas de policías saturando las calles interiores formadas por los espacios entre las casas de cartón, comenzó el primer derribo. Previamente doce agentes de la ley habían intimidado a una mujer con sus dos hijos para que abandonasen la vivienda y se alejasen de la misma. De nada sirvió que Patricia Fernández, abogada de la gente de El Gallinero y voluntaria de San Carlos Borromeo, informase a los agentes de que sin una orden de derribo no podían tirar la vivienda, antes de que nos pudiéramos dar cuenta la grúa, con sus ruedas de oruga y una cabina que rozaba constantemente los delicados cables de la delicada instalación eléctrica del poblado, ya estaba allí. Fue ese el primer momento en el que a los agentes de la secreta, mención especial a dos chavales de no más de veinticuatro años vestidos de Pope y Charly para la ocasión, les dio por reparar en nuestra presencia. El cinismo era evidente, ya que los voluntarios de la parroquia llevan siete años acompañando a la comunidad de El Gallinero y luchando por ser considerados mediadores válidos entre esta y los distintos agentes sociales y de la ley. Las caras las conocían de sobra. Aún así en ningún momento se pidió colaboración, ni  mucho menos se ofreció información, para hacer más llevadera a las familias la terrible situación que estaban viviendo. Era como si, directamente, no existiésemos. O peor ya que, cuando la presencia de algunos empezaba a incomodar a las conciencias o a los planes del operativo policial, se optó por separarles del foco donde se estaban tirando los edificios. Así, Javier Baeza, párroco de San Carlos, y la mencionada Patricia Fernández, abogada, fueron encerrados a la fuerza en distintas chabolas escoltadas por policías «por su seguridad». A partir de aquí la indefensión de las familias desalojadas fue absoluta ya que la única persona con poder para pedir las autorizaciones judiciales de derribo estaba retenida.

La vida es irónica en El Gallinero. Cartel de Ikea sobre unas ruinas.

En total fueron nueve viviendas las que derribaron en la mañana del pasado lunes 5 de marzo, mañana de infausto recuerdo para los derechos humanos en nuestra ciudad. Cabe destacar que para las nueve viviendas derribadas sólo traían una única orden y que esta no era de derribo sino de desalojo. Aunque el argumento judicial era que el legítimo dueño de la tierra había denunciado a la comunidad de El Gallinero y había ganado, lo cierto es que se destruyeron casas desperdigadas a lo largo de todo el poblado. Como me decía uno de los hombres frente a las ruinas de su vivienda: «En Rumanía cuando alguien tiene tierras tiene 500 metros, no cinco metros aquí, otros cinco allá y otros cinco más lejos aún. ¿Para qué querría alguien tener terrenos así? ¿Qué utilidad tiene?«. Parece que más que responder a las ansias acaparadoras de terrenos baldíos de los supuestos dueños de la tierra, lo que pasó este lunes en el poblado de El Gallinero fue un aviso para los habitantes del mismo, una llamada de atención y una demostración de poder. Tal vez no fuese más que un globo sonda para ver cómo reaccionaban la sociedad y los medios ante el derribo. Si nadie dice demasiado, tienen carta blanca para tirar el poblado entero y ahorrarse dolores de cabeza en cuestiones sociales que pueden quitar tiempo de soñar con el eterno y recurrente sueño olímpico. Da la terrible casualidad de que todas las familias que de improvisto se vieron sin techo con el que cubrirse en esta jornada de derribos tenían todos sus papeles en regla, estaban empadronados, tenían permiso de trabajo y residencia y tenían a todos sus hijos escolarizados. Sólo les faltaba un guiño del destino, algo de suerte, y una vivienda digna.

Los muebles en la calle de una de las viviendas.

Destaco, de todo el absurdo vivido en El Gallinero, dos anécdotas. La primera tiene como protagonistas a cinco policías nacionales y dos niños. Los últimos, asombrados y asustados por todo lo que estaban viendo esa mañana, caminaban por la misma calle de tierra por la que caminan a diario mientras miraban los caballos lejanos que rodeaban todo el perímetro. Al pasar demasiado cerca de los cinco agentes, uniformados, con escudos, cascos, chalecos, escopetas, estos se pusieron a gritarles «¡Niños! ¡largo de aquí! ¡Apartaos!». Uno de ellos, sorprendido, les miró y, de puros nervios, sonrío (tenían apenas siete años). El más macarra del grupo de nacionales, envalentonado, le gritó «¡Ya te voy a dar motivos yo para que te rías, niñato! ¡Largo de aquí! ¿No me oyes?». Fue ese el momento en el que uno de los voluntarios de la parroquia le informó de que ese niño al que gritaba era sordo; y que era un niño. La segunda anécdota sirve para reflejar con claridad lo que supone todo lo que aconteció esa mañana de destrucción y prepotencia. En una de las viviendas que iban a ser derribadas, al no haber habido ningún tipo de aviso previo y al realizarse durante la mañana de un día laboral,  sólo se encontraba una mujer con su hijo de tres semanas de vida. El marido se encontraba trabajando. Sin ningún atisbo de decencia o de humanidad, se hizo a esta mujer cargada con su criatura desalojar la vivienda en la media hora que daban a todos los demás y se procedió, acto seguido, al derribo de la misma. Cuando, al medio día, el marido llegó del trabajo, se encontró a su mujer sentada entre los muebles y electrodomésticos que había conseguido rescatar a las puertas de las ruinas de su hogar de los últimos siete años.

Dicen que es posible que el terreno que ocupa ahora el asentamiento humano de El Gallinero vaya a ser destinado, en el caso de concretarse las negociaciones, al proyecto del megacasino EuroVegas que tantas protestas (lógicas) está despertando. Sea como sea, la protección social prevista para estas más de cien familias no va más allá de las dos noches de hotel de realojamiento ofrecidas como alternativa mientras encuentran, en ese ínfimo plazo, otro lugar donde vivir. Y después, la calle. El frío. La vergüenza del sistema.

Les dejo a continuación, para complementar la información y en tres imágenes, algunos de los tuits que envié esa mañana de frustración y rabia en los derribos de El Gallinero. Van del último al primero.

Más palos en el #yonopago de ayer.

Imagen de la desmedida presencia policial ayer en Sol - Fotogracción

Sucesos como los de ayer por la noche en Madrid son los que hacen cada vez más evidente la necesidad urgente de una desobediencia civil organizada. Tras convocar una nueva acción #yonopago en el Metro de Madrid, una desmedida acción policial con un injustificado número de agentes acordonando salidas del suburbano acabó con varixs detenidxs, agredidxs y acoso policial e identificaciones por el grave delito de colarse en el Metro, de no pagar 1’5 euros. Es, ciertamente, de vergüenza.

Hoy nos convocan a todxs a las 20:00 horas en Sol para protestar por lo ocurrido y en solidaridad con lxs detenidxs. Dejo acá, con intención de replicarlo, el comunicado explicando y denunciando lo que sucedió anoche.

«Este comunicado parte de 50 personas, entre ellas agredidas, intimidadas y enrabiadas, que después de la convocatoria han decidido reflejar y transmitir la brutal, feroz y desproporcionada represión que hemos sufrido en la acción del yo no pago. Sólo podemos reflejar 6 de las al menos 9 detenciones que se han dado (en las otras no estábamos presentes); tampoco reflejamos las innumerables agresiones (las imágenes hablarán por sí mismas). Esperamos que nuestros compañeros secuestrados por la policia saquen un comunicado tras su liberación contando cómo lo vivieron; deseamos, también, que estén bien y que no les golpeen en las dependencias policiales ¡estamos con vosotros!

ESTADO DE EXCEPCIÓN EN EL CENTRO DE MADRID.
Llegamos a Sol, estaba sitiado. Todo eran furgones policiales con sus correspondientes antidisturbios formando muros a nuestros los lados. A esto se le sumaba policías a caballo, el helicóptero sobrevolando y todas las bocas de metro (Jacinto Benavente, Callao, Opera, Sevilla, Sol, etc) obstruidas por filas de 8 policías nacionales que impedían el paso. Pareciera que en lugar de no pagar íbamos a realizar un atentado terrorista

SI COREAS TE DETIENEN.
Algunos estábamos dentro del metro de sol y a otros no nos dejaban entrar: “la delegada de gobierno ha dado órdenes”, dijo el policía. Los que estábamos dentro decidimos no hacer la acción pues allí, también,había una concentración de policía secreta (innumerables) y uniformada (al menos 50). Optamos pues por limitarnos a corear consignas: “yo no pago, ni su crisis ni su deuda”. Entonces comenzaron las identificaciones y separaron de nuestro lado a 4 compañeros. Lo que no sabíamos era que a dos de ellos los separaban de nosotros para no volver, teníamos nuestros primeros 2 DETENIDOS. ¡En Madrid si coreas te detienen!

COMO LOS GRIEGOS NOSOTROS LOS MADRILEÑOS NO PAGAMOS.
Ante esto represión salimos del metro y nos unimos a los compañeros que estaban fuera e hicimos un pasa calles. A cada paso que dábamos una fila de policía daba otro paso; nos acosaban todo el rato: “ten cuidado que como sigas así (coreando) te vienes con nosotros, iremos a por ti”, le dijo el policía a una compañera. Sin duda, ya no podemos ni corear, pero nosotros seguimos cantando:“la democracia vaya pocilga está al servicio de los capitalistas…”. En Callao la gente se nos unía otros nos sonreían.
Fuimos a Tirso de Molina. No había policía obstruyendo el metro así que decidimos hacer la acción. Saltamos y cogimos el metro. La respuesta popular fue de calor; la gente nos aplaudía y corearon con nosotros ¡yo no pago!
SI HACES FOTOS TE DETIENEN
Salimos del metro en Gran Vía cuando bajamos Montera la policía se puso los guantes, se colocó los cascos y de repente nos acorraló. Otra vez nos pedían los dni. A un compañero le devolvieron el dni y de regalo le dieron un puñetazo en el estomago. “Ha sido sin querer”, dijo el policía.
Estábamos todas cercadas y no nos dejaban salir. Algunos intentaban irse, pero los policías te empujaban otros más disimulados te “pellizcaban”. Desde unos andamios los periodistas hacían fotos al cerco. Fue entonces cuando un policía detuvo a un fotógrafo sólo por hacer fotos. Era el 3º DETENIDO. ¡En Madrid si haces fotos te detienen!.

SI TE SOLIDARIZAS TE DETIENEN
Un señor que pasaba por allí empatizó con nosotros y dirigiéndose a la policía dijo: “¿qué estáis haciendo?, estáis identificando arbitrariamente”. Fue entonces cuando éste caminó hacia los periodistas, pero un policía corrió tras él y lo agarró, lo detuvo y lo arrastró al cine, era el 4º DETENIDO. ¡En Madrid si te solidarizas te dienten!.

Todos, incluso gente que pasaba por allí, fuimos detras él; temíamos por lo que le pudieran a hacer dentro del cine… Un compañero gritó “solidaridad con los detenidos” y 3 agentes fueron directos a por él ¡lo querían detener!. Nosotros le agarramos de los brazos, de la mochila, de los hombros; nadie quería que se llevaran a otro compañero sólo por gritar. Como vieron que nos ayudábamos entre nosotros cargaron y consiguieron llevarse al 5º DETENIDO. ¡En Madrid si te solidarizas te detienen!.

“YA SABE USTED CÓMO TRABAJAMOS” , dijo un policía a una señora.
Recibimos golpes por arriba y por abajo. Todo el mundo corría gritando por Montera. Una compañera recibió un golpe en la cara de tal magnitud que cayó al suelo. Cuando se fue a levantar la empujaron brutalmente contra el suelo, la pisotearon y se acercó otro policía déspota para decirle: “hija de puta”. Una compañera le fue a ayudar pero la empujaron con toda su fuerza y cayó al suelo. Podrán ver las imágenes. Al compañero le dijeron: “estamos para reprmir te guste o no”
Volvieron a cargar, la gente estaba desesperada por Montera. Entonces se dio otra DETENCIÓN, LA 6º . Era una chica menor de 16 años que la arrastraron, sin vergüenza alguna, por todo el suelo. Consiguió acercarse una compañera y le preguntó si estaba bien; la chica no contestaba, creemos que estaba inconsciente. No pudimos saber más, la policía empujó a la compañera que tuvo que irse de ahí, si no también podía ser detenida sólo por preguntar.
Retuvieron a un grupo en el Mac Donalds de Callao, donde había periodistas. Y bajo una perversa manipulación prepararon la foto de prensa: del grupo de retenidos comenzaron a sacar a “aquellos que tenían buena imagen” y dejaron a aquellos “perroflautas o anti sistema”. Es decir, estaban haciendo una retención SELECTIVA para criminalizar la movilización. Una señora miraba estupefacta y el policía dijo “ya sabe usted cómo trabajamos”.

SI NOS TOCAN A UNA NOS TOCAN A TODAS
Sepan ustedes, policías, que no conseguirán dividirnos, que no conseguirán intimidarnos, que seguiremos dando la lucha en la calle ¡como los griegos!. Sepan que pese a vuestro despliegue policial, pese a vuestras cascos y porras, pese a vuestros insultos y golpes ….nosotros hemos conseguido colarnos en Tirso, SEPAN, ADEMÁS, QUE TAMPOCO PAGAREMOS MAÑANA. Somos más y estamos en todas partes y no podréis pararnos porque sabemos que el problema no es la crisis (la cual queréis que paguemos) sino el sistema.
Por eso mismo, convocamos a todos los indignados, a todos los colectivos, a todos los enrabiados y furiosos con este Estado de Excepción, este Estado Policial, en el que
SI COREAS te detienen,
SI HACES FOTOS te detienen,
SI TE SOLIDARIZAS te detienen.

hagas lo que hagas te detienen.
JUEVES 2 DE FEBRERO A LAS 20 HORAS EN SOL.

¡Absolución detenidos del yo no pago!
¡Si nos tocan a una, nos tocan a todas!.

Una sociedad que se olvida de sus mayores está advocado al fracaso; un movimiento social que se olvida de sus presos o detenidos está condenado a la derrota.»

¡Hazte con el libro ‘Cuaderno de Bitácora’ de el Mundo de Mañana!

La cita del mes

"No hay nada más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo".

-Víctor Hugo-

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