fraternidad

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¿Qué día de estos celebrarías?

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El fondo de armario de Ana Mato.

Ayer escuché una frase a la que todavía ando dándole vueltas. La dijo, en medio de la asamblea de San Carlos Borromeo, Sara, una de las Madres Unidas contra la Droga a la que a lo largo de estos meses he aprendido a admirar y a querer. La mujer, sabia con una sabiduría que sólo el pueblo y el que ha luchado posee, afirmó con tristeza que le daba mucha lástima “la gente que se acuerda de su día más especial”. Tras el primer asombro explicó que se refería a que, para ella, “todos los días son especiales. El que trabajas porque has trabajado y te sientes orgullosa, y el que descansas porque, oye, qué bien se está tranquilamente. Todos mis días son especiales. ¡Si me tuviera que acordar de todos!”.

Con esta reflexión en la cabeza, y porque hoy es un buen día como cualquier otro para celebrar la vida, lanzamos la Encuesta de la Semana de el Mundo de Mañana. En estos días oscuros en los que nos quieren imponer el miedo y el gris conviene recordar que, cualquier día, si nos hacemos conscientes de ello, puede ser especial y digno de ser celebrado. Por todo ello, os lanzamos una pregunta directa: “¿Qué día de todos estos celebrarías?” Y como, por este y otros motivos, estamos de celebración, de regalo podéis marcar hasta tres respuestas si os apetece. ¡Tiramos la casa por la ventana, señora! ¡No pierda la oportunidad!

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Cuadernos del Sur: Nicaragua (un esbozo).

5/ II / 2013

Vuelo Madrid-Miami, más o menos sobre el Triángulo de las Bermudas.

“La única aventura posible/ es vivir viviendo./ Abrazar los horizontes,/ diluirse en el mar,/ ser una gota de Humanidad/ desparramada en el cosmos./ Vivir viviendo,/ abriendo destinos./ El ojo de un bebé/ no cambia/ hasta que muere anciano./ La aventura se mueve,/ baila, gira,/ no se sabe estar quieta./ Vivir es salir./ La aventura está fuera de tu tierra.”

Despego otra vez. Salto el charco de nuevo. Bajo mis pies, las olas mansas y los destellos blancos del sol. En el horizonte, palmeras, montañas verdes, cielos infinitos, noches estrelladas. Vuelvo a Centroamérica, con sus gentes, con su visión del mundo, con su libertad, autenticidad y aventura, con su sabor a pueblo, con su voz eterna. Vuelvo a Centroamérica donde es posible que siga yo mismo esperándome desde hace ya más de dos años. El destino concreto, en esta ocasión, Nicaragua, tierra de Sandino y de Gioconda Belli.

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‘Cristiana, Socialista y Solidaria.’ Lema revolucionario de Nicaragua.

El viaje lo hago, desde su inicio en Barajas hasta su conclusión en una mecedora bajo una noche fresca de Managua, junto a mi buen amigo y compañero de batallas políticas Arturo Warleta. En el aeropuerto esperan Alberto Menoyo, mi mayor descubrimiento en meses, y Castrillo, anfitrión nica de tantas noches y tantos karaokes. No tardo media hora en conocer al que será el cuarto integrante de la familia managüense, el gran Sergio Bollaín. Juntos, Arturo, Alberto, Sergio y yo, formaremos una hermandad conocida como los Hermanos Dalton, la Casa de los Cochones*, Dos Cheles y Medio o los Tres Mosqueteros y Dartagnan. Inigualables compañeros de viaje y vida en el intenso mes nicaragüense. Compinches de noches y ligues, confidentes de experiencias, charlas e ideas. Esta experiencia en Nicaragua es, en gran parte, ellos.

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Los Hermanos Dalton, Toña en mano.

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Imagen del momento en el que comenzó a redactarse el ‘Manifiesto Fraternista’.

El motivo de mi viaje, desconocido por muchos, es un proyecto en el que llevo trabajando meses y que llena de ilusión y entusiasmo mis días. Un proyecto vital que nace ahora pero que implicará, de funcionar, el resto de mi vida. Tras mucho tiempo de reflexionar y estrujarme el cráneo, tras mirar la realidad acá y al otro lado del charco y buscar la forma de acabar con tanta injusticia, tras intentar reconciliar mi ética y mi política, di el verano pasado con un clave que ha revolucionado, desde entonces, mis días. Fue volviendo en coche de un fin de semana en Cuenca con mi hermano Miguel Ángel Coloma. Tras criticar con cierta tristeza la situación actual y ver cómo el sentido común dictaba ideas fácilmente aplicables para superar la crisis-estafa que tenemos encima, surgió la palabra. Una palabra, desde la frase que tengo como lema personal que dice que la mejor denuncia es comunicar la esperanza, de la que podía podía salir toda una ideología. Algo nuevo por lo que podría merecer la pena luchar. Una bandera nueva que, superando las antiguas, nos uniera en un único frente mundial frente al que oprime y explota. Treinta años después, al fin, mi ideología, aquello en lo que creo. Tardé poco tiempo en compartir esta idea, esta urgencia, con mi compañero de batalla en las pasadas Elecciones Generales, Arturo. Aceptó el envite de redactar un ensayo a medias y subió a órdago: Teníamos que hacerlo en Nicaragua. No sólo porque él estuviera viviendo allá, sino porque lo que nos traímos entre manos sólo podía nacer en el Sur. Dicho y hecho, tras un proceso vivido a través de dropbox, correos y locutorios vallecanos en el que llegó a evolucionar incluso el término inicial, menos de cinco meses después, estoy acá, en Nicaragua, dispuesto a escribir al alimón un librito que tal vez pueda servir para revolucionar la realidad. Estaba a punto de nacer la ideología del siglo XXI, la última hija de la Revolución Francesa. Estaba a punto de nacer el Fraternismo.

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La mesa de trabajo de la que salieron las primera ideas que dieron forma al Fraternismo.

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Nuestra sala de trabajo, rodeada de post-it. Foto de Eva Bendaña.

Y entre mil post-it, mil debates, ideas que van y vienen, descubrimientos fundamentales, invenciones ya inventadas décadas atrás, piezas de un puzzle que encaja sólo y viajes al futuro con billete de vuelta, ha dado también tiempo para disfrutar de lo que Nicaragua ofrece. Nicaragua es un país maravilloso, con un paisaje de ensueño rodeado de volcanes humeantes y lagos kilométricos, en el que es muy fácil sentirse en casa. Quizá demasiado fácil para los que tenemos fecha de retorno y poco que hacer por la otra orilla. Es tan parecido a Honduras en tantas cosas que le es muy difícil a mi corazón no quedarse enganchado casi a diario. La mayor diferencia, que se hace patente casi desde el primer momento, es el nivel de violencia. Acá sí se puede salir a tomar una cerveza por la noche y permitirte el lujo de volver tarde a casa sin miedo. Pienso en mis hermanos hondureños y se me pone un nudo en la garganta, de tristeza pero en parte también de esperanza. Sólo estamos a una frontera. Honduras puede llegar a ser así, puede vivir en paz, puede disfrutar de su cultura y salir de la miseria. Urge tanto gritar al mundo estas injusticias y enseñar que pueden ser cambiadas con algo de voluntad…

Dentro de las escapadas más intensas e interesantes que hemos hecho de nuestro encierro literario ha estado la que hicimos al IX Festival Poético de Granada. Granada, sin duda, es una de las ciudades más bonitas de la Tierra, con un encanto especial que se desprende de cada esquina. Casas coloniales de todos los colores posibles, jardines exuberantes que invitan a perderse en ellos como una planta más, paseos amplios bajo un cielo que es varios cielos dependiendo casi del minuto del día en el que te encuentres, un pueblo agradable, librerías… Y si encima uno tiene el privilegio de escaparse en medio del Festival Poético la experiencia es inigualable. Hasta allá nos hemos escapado con la mara granadina formada por Alba, Lydia, Ramón, Irene y Lenin. Los días han dado tanto de sí que hemos llegado, incluso, a montar un recital en el Garden Café. Creo que con esto, y con el abrazo maternal que me dio Gioconda Belli, he tocado una de mis más altas cimas poéticas hasta la fecha.

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‘Bienvenidos poetas del mundo.’ Foto de Eva Bendaña.

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Mi encuentro con Gioconda Belli, cerrando círculos.

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Una imagen del recital que dimos en el Garden Café, hito poético.

“Y, tras esto, el pequeño poeta , resguardado por la noche y una luna llena infinita, agarró un bus y se dispuso a cumplir su palabra. Recorrió cientos de kilómetros, visitó paisajes nuevos, reconoció señales, colores y calores. Atravesó la frontera. Bajo del bus. Vio la bandera al lado del nombre que llevaba grabado en el corazón. Se agachó. Tocó la tierra con sus dedos, dedos manchados que recogerían de vuelta su pasaporte. Volvió al bus y, por horas, lloró emocionado y sobrecogido. Estaba en casa.”

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“…Se reencontró con Melvin, su cómplice. Le abrazó. No se creyó hasta horas después que fuera verdad. Volvió al barrio. Le temblaron las piernas frente a su casa. No le salieron las palabras con Bélgica. Sorprendió a Asentamientos en medio de misa. Se quedó enganchado a Erick. Volvió a dormir en la seguridad de la amistad de Silvia y Óscar. Sus pasos le llevaron hasta Paso a Paso, conoció el proyecto de la panadería, vio la guardería llena de niños y el dispensario lleno de medicamentos, se pateó todas las universidades de San Pedro Sula en busca de Meli, de Danny y, al fin, de Tammy. Volvió a casa de Lourdes. Vio a todos igual pero más ellos. Abrazo al maestro Bryam. Se rió con Fredy. Pasó otra noche. Comió con Maryi y Melvin. Le llevaron a tomar una granita (cuánto tiempo…). Se abrazó con Gerardo. Quedó con Anita y se vacilaron. Volvió a El Porvenir. Le tembló la voz. Subió la colina. Llamó a la puerta. Se encontró cara a cara con Don Ramón. Se llevaron las manos a la cabeza. Lloraron. Se rieron. Conoció la llave del agua en la propia casa de Don Ramón. Se emocionó al ver el agua. El agua. Al fin el agua. Se despidió. Se despidió de todos. Visto y no visto. Ya está. Bélgica, una vez más, le confirmó lo que ya sabía. Erick le renovó el cuello con una cruz vivida. Silvia y Óscar le dijeron hasta la próxima. Se despertó en la noche. Dijo hasta luego a la Rivera. Volvió al bus. Se sentó y, al amanecer, se dio cuenta de que, junto a él, el poeta, había alguien más. Había vuelto, a su ladito, casi encima de él, Miguel Ángel.”

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La vuelta a Nicaragua, tras los tres días hondureños, ha sido para rematar el ensayo pero, también, para disfrutar de la amistad que por estos confines ha nacido. Así que utilizo la tarde para escribir, la noche para salir y la mañana para recuperarme. Hay mucho que celebrar, entre otras cosas el cumpleaños de Arturo, y muy poco tiempo. Queda una semana de este mes loco e intenso y los planes son muchos. Entre otros, agotar las horas en el Fandango, probablemente el mejor garito de Managua, y cerrar todos los karaokes que nos sean posibles. Mi compinche noctámbulo, Alberto, así lo convenía mientras los abuelos se quedaban cuidando de la casa. Este mes nica también ha sido, aparte de lo profundo, salir, reírme, reaprender a disfrutar de la vida, que buena falta me hacía.

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Típico desayuno de Managua compuesto de bloody mary y galletas de chocolate.

Y así, los días han ido pasando hasta llegar a esta fresca noche de Managua en la que da por concluido este viaje y, con él, este nuevo Cuaderno del Sur. Me vuelvo con nuevos y buenos amigos, con muchos planes por concluir, con los abrazos necesarios de Honduras y con un libro bajo el brazo. No está mal. Todo apunta a que, más pronto que tarde, habrá un nuevo cuaderno de Nicaragua. Pero eso sólo el tiempo y la ya inminente Revolución Fraternista lo dirán. De sus luchas y sus propuestas les hablaré más adelante. Por hoy quedémonos acá, en América, disfrutando de la amistad y, por fin, de nuevo, de la libertad, la autenticidad y la aventura.

4/ III/ 2013

Managua. En una noche fresca y estrellada.

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Paloma Rosado inaugura la primavera y la revolución que viene.

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A pesar de tanta sombra, de tanta tristeza y agobio en el ambiente, a pesar de los constantes “no se puede, abandona, tira la toalla” que inundan la actualidad y la realidad de tantas personas cercanas, algo sabe misteriosamente a nuevo en el aire. A poco que rasquemos, como convocado por la recién estrenada primavera, aparece un sentimiento de esperanza en lo que está por venir, que creemos que será bueno. Este sistema caduco se agota, da sus últimos estertores, la bestia agoniza lanzando sus postreras dentelladas, que hieren pero no vencen ni convencen. Estamos a punto de estrenar algo nuevo, algo que acompaña a esta primavera, la estacional y la que comenzó en Túnez en el año 2010, y, por el motivo que sea, somos capaces de presentirlo si nos detenemos a pensarlo. Quizá no sea más que porque necesitamos agarrarnos a esta esperanza para continuar, pero hay algo que nos dice que existe realidad bajo todo este presentimiento.

Hablar de amigos siempre es un motivo de orgullo, en cualquier ámbito y sin motivo. Hablar de amigos cuando hacen algo grande, es maravilloso. Hoy quiero traer a ‘el Mundo de Mañana’ el estreno de un libro de una de mis mejores amigas. Paloma Rosado, un ángel que el destino y el partido Por Un Mundo + Justo pusieron en mi vida hace ya casi cuatro años, acaba de sacar a la luz el fantástico ‘La revolución de la fraternidad’, un libro que anticipa un cambio inminente. El ensayo, que hoy mismo llega a las librerías de toda España de la mano de la editorial Destino, habla de uno de los valores revolucionarios que están empezando a surgir en nuestra sociedad y que está cargado de esperanza: la fraternidad. Una fraternidad que toca todos los ámbitos de nuestra existencia, desde el personal hasta el social y político pasando por nuestras relaciones familiares, de pareja, etc. Paloma nos cuenta en este fascinante manuscrito que la ciencia ya ha demostrado empíricamente que lo que más feliz hace al ser humano es la solidaridad, la entrega altruista al otro. Lo que más feliz nos hace. Así, sin más, demostrado con datos.

Estas reflexiones, conversadas durante años con Paloma, son las que abren la puerta al libro en el que ando trabajando con mi buen amigo Arturo Warleta y del que pronto os hablaré. Precisamente ella es la encargada de uno de los capítulos del libro, desde la autoridad que le da lo que acaba de publicar. Somos muchos los que pensamos que esa fraternidad puede ser un motor social real y revolucionario que transforme la realidad desde la no violencia. El camino de documentarlo para compartirlo y debatirlo se vuelve fundamental.

Sobre Paloma, qué deciros… Tal vez que es transparente, que es un ser humano echo de luz, que me fio de ella. Tener acceso a un libro que se sabe cargado de sinceridad me parece, hoy por hoy, un privilegio. No hay artificio en sus palabras, no hay trampa ni cartón, no nos intenta vender nada. Con humildad pero desde la profunda perspectiva que le da su experiencia vital nos habla de cambios necesarios y procesos esperanzadores que, sin darnos cuenta, ya están en marcha. A mí, que tantas veces me ha ayudado a caminar, a ubicarme, a luchar contra “Saturnos” oscuros, me es imposible leer su libro sin escuchar su voz en cada frase. Este libro, esta ‘Revolución de la fraternidad’, es cien por cien Paloma Rosado. Eso, para quien me conozca un poco, sabrá que es una de las mejores cosas que yo puedo decir de este ensayo. El libro, como Paloma, es luz, compañía, cercanía, tranquilidad, juego, compromiso, denuncia, risa, sensibilidad, esperanza, serenidad, visión…

Vamos que, aunque no sea lo habitual en estas páginas, os invito a haceros cuanto antes con este libro. Estáis tardando. En serio. Hago de garante, si es que eso os sirve de algo. Tan seguro estoy de que lo vais a disfrutar y de que os va a venir bien, que me comprometo a liar a la autora para que un día se pase por el Salón de Invitados de este blog, aún por estrenar.

La primavera está llegando… ¿no lo notáis?

El café pendiente. Una propuesta revolucionaria.

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Imagen que acompaña al texto que va rodando por las redes sociales sobre el “café pendiente”.

Desde hace unos días, en concreto desde el viernes pasado, me he propuesto tuitear únicamente y por el espacio de una semana mensajes de esperanza. Cansado de la agresividad y el pesimismo que destila Tuiter (o al menos las cuentas a las que sigo), me he lanzado a hacer este experimento en la creencia absoluta (no me cansaré de decirlo) de que la mejor denuncia es comunicar la esperanza. Me está costando, no crean, porque he querido que este ejercicio incluya también los retuits que desde @mavazquez22 hago. El caso es que, poquito a poco, los mensajes van apareciendo y, por fuerza, esta bitácora se va a ver en algún modo contagiada de ello. Prueba de ello es la entrada de hoy: ‘El café pendiente. Una propuesta revolucionaria’.

Antes de entrar en el meollo de la cuestión, permítanme copiarles un breve textito que va circulando estos días por las redes sociales y que da nombre a esta idea de la que quiero hablarles. Dice así:

“Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran dos personas:
– Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres “pendientes”.
Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto:
– ¿Cuáles son esos “cafés pendientes”?
Me dicen:
– Espera y verás.
Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés – pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés:
– Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”.
Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja:
– ¿Tienen algún “café pendiente”?

Este tipo de caridad, por primera vez apareció en Nápoles. La gente paga anticipadamente el café a alguien que no puede permitirse el lujo de una taza de café caliente. Allí dejaban en los establecimientos de esta manera no sólo el café, sino también comida. Esa costumbre ya ha salido de las fronteras de Italia y se ha extendido a muchas ciudades de todo el mundo.

“El café pendiente” – Tonino Guerra, contó la historia de uno de sus directores Federico Fellini y Vittorio De Sica. Incidente que, según él, puede traer lágrimas a cualquiera.

Como ven, la cosa es sencilla, sin mucha estrategia detrás y sin demasiada necesidad de organización. Quizá lo único que haga falta es la voluntad de ponerlo en práctica. Tanto es así que, desde el pasado 26 de marzo, día en que comenzó a rodar el texto por Facebook, se han abierto varias páginas en distintos países que fomentan la propuesta y sugieren diferentes formas de llevarla a cabo. Se han llegado a crear incluso, en menos de una semana, propuestas de logos que podrían acompañar, a modo de información, a los bares que se sumasen a esta idea. En nuestro país parece que la cosa también empieza a moverse y, más pronto que tarde, quizá para la semana que viene, comentaremos desde esta misma página todas las iniciativas que se lancen en esta línea. Vamos a intentar que, entre todos, este proyecto llegue lo más lejos posible. La propuesta del café pendiente, de puro sencilla, engancha y apetece ponerla en práctica cuanto antes.

Evidentemente un café no saca a nadie de la miseria, ni tan siquiera del hambre de diario. Pero es un potentísimo motor de solidaridad. Es concienciar a la gente de que puede aportar algo por los demás y es mostrar a los que reciban esta propuesta que no están solos, que alguien piensa en ellos. Además, al ser anónimo, elimina cualquier atisbo de ganar mérito por parte del que lo realiza y la cara que muestra al que lo recibe es la de la colectividad. Ese alguien que piensa en ti para que tomes un café es toda la comunidad, que está contigo. Parece que ese café quisiera decir “¡ánimo!, no estás solo”. Eso, en sí mismo, ya es un paso grande. Por no hablar de lo revolucionaria que es la confianza que exige todo este proceso. Confianza en el nexo entre el que ofrece el café pendiente y el que lo recibe, el dueño del bar, y confianza también en que los que lo necesitan se van a atrever a pedirlo. Este proyecto, tan sencillo, tan fácil de llevar a cabo, tan simbólico como es un café caliente, tiene un profundo poder transformador. Si la cosa funcionase, si la gente se hace consciente de lo necesaria que es la solidaridad y lo fácil y satisfactorio que es llevarla a cabo, ese café podría crecer y empezar a convertirse en otras realidades quizá más necesarias.

El café pendiente es un primer paso. Quizá el primer paso que necesitamos para lanzarnos a esa revolución que empieza a resonar y de la que ya les hablaré más adelante. Una revolución que ha entendido que la solución a nuestros problemas no pasa por esperar a que los grandes líderes nos salven, sino por empezar a cuidarnos entre nosotros y hacer de la fraternidad una bandera real.

¡Hazte con el libro ‘Cuaderno de Bitácora’ de el Mundo de Mañana!

La cita del mes

"No hay nada más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo".

-Víctor Hugo-

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