Pacharán y Carajillo

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¿Cómo homenajearías a Kadir Nurman, el fallecido inventor del kebab?

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El animal del que sale el kebab.

La noticia llegaba de pronto dejando sin aliento a la población: Kadir Nurman, inventor del kebab, moría a la edad de 80 años. Lo hacía antes de que nos pudiéramos recuperar de lo de Manolo Escobar y Lou Reed. A la dramática información se sumaba el hecho de descubrir, en plena tarde de domingo, que el kebab tenía inventor. Lo que es la vida. Nunca te acostarás sin saber una cosa más.

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El kebab en los 80.

El kebab nos lleva acompañando tantos años que pareciera que lleva ahí toda la vida. Aún recuerdo el primero que me comí, en la calle San Mateo, vestido de esmoquin tras un espectáculo de Pacharán y Carajillo. Lo que fue una cena de urgencia para poder seguir tomando gintónics, se convirtió en una tradición casi sagrada. Tanto fue así que llegamos a plantearnos incluir kebabs en alguno de nuestros sketchs. La cosa consistiría, para solaz del público en general, en representar alguno de nuestros clásicos mientras deglutíamos el bocadillo turco sin mancharnos. Humor circense en toda regla. Toda una joya del humor surrealista alternativo que nunca llegó a escenificarse.

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Kadir Nurman comiendo un kebab sin usar servilletas. Un mito.

Ahora, Kadir Nurman, nos ha dejado y, de pronto, nos sentimos como huérfanos de un padre al que acabábamos de conocer mientras agonizaba. ¿Cómo nunca pudo ocurrírsenos que el kebab tuvo un inventor? ¿Cómo nadie se planteó agradecer en vida al inventor de la recena por antonomasia su contribución al mundo de la noche? ¿Por qué la vida es tan injusta con tantos genios póstumos de los que sólo conocemos su talento cuando ya no podemos celebrarlos? Sin duda, Kadir Nurman, Poe y Van Gogh están en el mismo rincón de la Historia de la Humanidad. A ellos nuestro reconocimiento y nuestro homenaje por hacer de este mundo un lugar un poco menos aburrido y un poco menos correcto y sano.

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Angela Merkel realizando su homenaje a Nurman.

Aunque sea tarde, desde el Mundo de Mañana queremos plantear a nuestros lectores la posibilidad de realizar un sentido homenaje a este filántropo tal y como consideramos que merece. Para ello, y ante la multitud de posibilidades que la propuesta genera, qué mejor que lanzar una nueva y esperada encuesta de la semana para que seáis vosotros, los propios lectores los que decidáis el camino que ha de tomar este reconocimiento. Sabemos que no están todas las opciones. Sabemos que vuestras cabezas unidas pueden llegar a horizontes que ni tan siquiera imaginamos. Por tanto, no dejen de votar en esta encuesta de la semana y, si no se ven representados, atrévanse a realizar nuevas propuestas en los comentarios a esta entrada. ¡Este benefactor de la humanidad lo merece!

¡Kadir Nurman ha muerto! ¡Larga vida a Kadir Nurman!

A unas gafas rotas.

Y ahora, después de trece años, tras una larga agonía, finalmente os rompéis. Yo os miro ahí, encima de la mesa, y no sé muy bien cómo reaccionar. La patilla partida, literalmente fundida del desgaste, me dice que ya no hay marcha atrás, que, esta vez sí, os habéis roto. No hay arreglo posible. Se acabó. Después de trece años se acabó. Ahora me toca deciros adiós y no sé muy bien cómo.

Sois tan parte de mí como todo lo que más me gusta de lo que me forma y no sé cómo se hace esto de despedirme de vosotras. Mi casa no admite vitrinas donde recordaros – a duras penas cabe un gato. Vosotras, que inaugurasteis el cambio de década, de siglo y de milenio conmigo, definitivamente os vais. No son pocas las cosas que, desde entonces, hemos visto juntos. Visteis cómo empezaba mi carrera, mis años universitarios, la de cosas que descubrí fuera de las aulas de esa apolillada facultad, páginas y páginas de apuntes que pasaron ante vosotras como pasa un río que discurre rápido para irse lejos. Visteis la vida de cientos de chavales de un centro juvenil hoy nostalgiado así como visteis el fuego y la esperanza por cambiar las cosas en sus miradas. Visteis a Pacharán y Carajillo, visteis a Hombre-Man llegar raudo a mi llamada, visteis salas abarrotadas de risas y amigos, visteis un escenario, dos micrófonos, copas, copas, copas, la noche de Madrid abierta, el cielo bajo nuestros pies… Visteis tanto que pocas veces durante muy pocas horas visteis mi mesilla.

También compartimos la visión, tal vez causa de vuestro desgaste, de todos mis poemas, de todos mis versos, de aquello que los inspiró y de papeles, servilletas y paredes donde algunos nacieron y otros, simplemente, murieron. No sé os escapó ninguno. Es por ello que conocisteis conmigo a todas mis mujeres. Me acompañasteis en el final de la primera, recuerdo sereno, y en el comienzo de la última, esperanza infinita. Entre medias, un ramo de caricias, miradas, cuerpos, compañías y caminos rondaron ante vosotras. Visteis impasibles como me formaron y me deformaron y me volvieron a formar. Alguna llegó, ciertamente y para equilibrar, a deformaros también a vosotras fruto de las prisas y la noche.

Vuestros cristales, estos mismos cristales que ahora me miran ya inertes encima de la mesa, reflejaron los destellos de los años febriles del periodismo, la nocturnidad, la alevosía y la bohemia compartidos en Gente en Madrid. Se llenaron de polvo tanto como de amaneceres a través de todas las huellas que nos llevaron a Santiago. Brillaron ante la luz de tantos horizontes, de tantos destinos, de tanta carretera… ¡Brillaron ante la luz de París! Y saltaron el charco para conocer otras luces y otros amaneceres y otros destinos.

Hemos visto, amigas mías del alma, la misma violencia bajo el mismo calor de injusticia en Honduras, hemos visto la misma sangre derramada, los mismos ojos llorosos, la misma impotencia, los mismos dedos fríos de la muerte. Hemos visto la misma bala. Hemos visto, sin embargo, la misma esperanza, los mismos niños queriendo leer, queriendo saber, el mismo grito en defensa de la vida, las mismas calles llenas de resistencia y lucha, los mismos micrófonos compartiendo a voces la misma sonrisa de futuro, las mismas manos consagrando el mismo cuerpo. Hemos visto la misma vida.

Y ahora, trece años después, estáis ahí, rotas, enfrente de mis ojos. Habéis terminado, para mayor desazón, de una forma por demás poco heroica. Os habéis roto sin más, fruto del desgaste y del ver tanto. No os rompió con agresividad de un porrazo un policía, no desaparecisteis en medio de una carrera frenética ante el ejército en Choloma, ni si quiera caísteis a causa de la violencia desprendida por el choque pasional de dos cuerpos desnudos. Os habéis roto, sin más, para recordarme que una época acaba y quedaros ahí, agotadas, encima de mi escritorio.

Vuestros detractores, esos que llevan años diciéndome que os jubile, que sois feas, que estáis descuadradas y sucias, los mismos que señalaban con asombro la marca que dejabais en mis sienes, me dirán que ya era hora, que me ponga otras y punto. Así, de un día para otro, sin tiempo para posarlo. Que me ponga otras. Como si al dejar una relación uno pudiera comenzar otra ese mismo día. Y, claro está, llegarán otras, fruto de la necesidad, que verán otras cosas que ya no serán estas y no serán mejores ni tampoco peores.

De las primeras cosas que compartiré con «las otras», y que quiero compartir también con vosotras aunque sea de palabra en esta noche fría, serán los derribos que para este martes día 9 están planeados en El Gallinero. Se estrenarán fuerte. Quién sabe si tanto como para acabar en ese mismo día en el punto en el que vosotras ahora os encontráis. Verán, como ya vierais, el infame despliegue policial, las palas destructoras, la impasibilidad de los funcionarios del Ayuntamiento, las familias indefensas e impotentes y quién sabe si, tal vez, cientos de compañeros, amigos y vecinos dispuestos a parar todo ese absurdo desde las siete de la mañana al calor del café recién hecho de doña Lucía. Empiezan, como veis, siguiendo vuestra estela y eso me da algo de fuerzas.

Sin embargo y con todo, vosotras estáis ahí, frías ya, encima de la mesa y yo estoy llorando como un idiota.

¡Hazte con el libro ‘Cuaderno de Bitácora’ de el Mundo de Mañana!

La cita del mes

"No hay nada más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo".

-Víctor Hugo-

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