Salón de Invitados

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Salón de Invitados. Hoy: Pilar Sanz y ‘delEGO’

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Pilar Sanz durante una actuación de ‘Tiger & Milk’ / FOTO: LM Flores

Vuelve a abrir sus puertas, tras unas semanas de ausencia, nuestro Salón de Invitados y no podía hacerlo de mejor manera. Hemos ordenado como hemos podido la casa, hemos preparado té, nos hemos atrevido a cocinar unas galletas y hemos aleccionado a la gata Gipsy para que no incordie demasiado. Hoy viene una gran amiga y brillante periodista y la ocasión lo merece. Se atreve a pasar a nuestro Salón ni más ni menos que Pilar Sanz.

1780696_483567928415654_2114951913_nConozco a Pilar desde hace ya más de una década, más concretamente desde los años frescos e inspiradores de la Universidad. Ambos estudiamos periodismo; a ella le cundió y yo… pues por aquí ando, entreteniéndoles a ustedes (un placer). Fuimos compañeros de clase y compinches del mismo grupo de amigos y proyectos dulce y necesariamente utópicos. Pilar hoy es coordinadora y editora de todos los productos en papel del grupo ’20 Minutos’ que van más allá del diario. Se inventó ‘Calle 20’ siendo la vanguardia de lo que hoy es vanguardia. Su olfato le ha llevado a marcar tendencia en lo que a periodismo de tendencias se refiere. Haciendo cierto y sincero el impostado mantra hipster, cuando los demás llegaron, ella ya estaba allí.

Ahora viene a nuestro salón a hacer una brillante reflexión cargada de sentimiento y sinceridad. Lo hace justo en la misma semana en la que su grupo (grupazo) Tiger & Milk ofrecerá un concierto en la sala El Barco de Madrid. Tocarán canciones de su primer disco ‘La cara norte’ (Discos de la Bahía, septiembre 2013), todo un regalo musical cocinado con mucho mimo y mucha personalidad. La primera edición ya está agotada, así que este sábado tenéis la ocasión de haceros con algún ejemplar y disfrutar de la música en vivo del grupo de mi amiga Pilar que, hoy, ha querido contarnos esto:

delEGO

Seguro que os ha ocurrido más de una vez que un reencuentro con gente muy cercana en una época, pero a la que ahora solo veis de cuando en cuando, despierta en vosotros muchos recuerdos y, sobre todo, provoca preguntas. Preguntas sobre uno mismo. Para mí es como tener delante de pronto a mi yo de hace diez años.

No es algo que suceda inmediatamente. Es decir, nos vemos, charlamos, nos reímos, bebemos vino, nos damos cuenta de que todo sigue igual y que, en el fondo, somos los mismos aunque no seamos iguales…  Luego viene el paseo a casa. Y los mensajes de “qué bien lo pasamos” y “esto hay que repetirlo”. Entonces es cuando mi cabeza pone en marcha un mecanismo de autoanálisis y reflexión –de esas que todos deberíamos hacer una vez al año-. Se trata sobre todo de asumir quién soy ahora, recordar quién era y hacer balance de lo que ha cambiado, que puede ser todo o casi nada.

¿Quién era yo hace diez años? Una estudiante de periodismo con un trabajo en prácticas mal pagado a media jornada y que la mayor parte del tiempo que pasaba en la facultad era en la cafetería o en el césped (vale, alguna vez en clase). Con los amigos de la fiesta del sábado, claro.

Teníamos una revista de arte y pensamiento, o de cultura y poesía, no sé. Digital (visionarios). Además, yo hacía un programa de radio de dos horas a mediodía, una especie de magazine en el que hablábamos de cualquier cosa, poníamos música y entrevistábamos a los pocos incautos que aceptaban perder su hora de comer en una emisora universitaria. Para los ratos que me quedaban libres me busqué un grupo de música, como si llenar todos los huecos fuese obligatorio para sacarle provecho a la vida.

Entonces me preocupaba que mi firma apareciese bien clara en todas las piezas que escribía y publicaba. Prefería los trabajos individuales a las entregas en grupo ¡qué lata! ¿Por qué había de cargar yo con la inutilidad de los demás? Quería más tiempo en el micro, en la radio y en la música. Me importaba figurar, ser la ‘front woman’ de mi banda aunque me muriese de miedo cada vez que daba un concierto y los nervios me impidieran disfrutarlo. Me hacía gracia que la gente me saludara por los pasillos, encontrarme con medio extraños en los bares por la noche y que supieran mi nombre, aunque al día siguiente se hubiesen olvidado -como si la luz del día les borrara la memoria-.

Es decir, al final todo se reducía a una cuestión de EGO. El yo profesional, el yo artístico, el yo social, el yo… siempre primero el yo, y después todo los demás.

Por suerte es una de las cosas que han cambiado. Que me han cambiado. Supongo que en esa postadolescencia que arrastramos al llegar a la universidad (nos creíamos taaan adultos) nos estábamos buscando todavía; y para encontrarnos, no se nos ocurría nada mejor que poner nuestro EGO por encima de lo que fuese, era nuestra medida del mundo, nuestro número áureo. Nos comparábamos constantemente. Y no veíamos más allá de nuestras narices.

Ahora creo que uno de los ingredientes que no pueden faltar en la codiciada fórmula de la felicidad es la humildad. Tal vez por eso son tan desgraciados los artistas.

Ya no me importa no firmar los textos mientras la gente los lea, los disfrute, le lleguen. Ahora tengo otro grupo de música en el que desempeño un papel secundario pero importante en el todo y me lo paso pipa en los conciertos, porque no me pesa la responsabilidad sobre los hombros. Disfruto del trabajo en común y prefiero que ciertas tareas las haga alguien que sé que es mejor que yo en eso. Me gusta caminar por la calle y mezclarme en la muchedumbre, perderme, ser anónima en los bares para que la noche no me confunda.

Al final se trata de delegar. Yo, ahora, delEGO.

Miro a mi alrededor y veo claro que el yo se diluye cuando eres madre, cuando compartes tu vida en pareja, cuando aprendes a ser buen jefe y a trabajar en grupo, cuando sabes disfrutar del segundo plano. A lo mejor es que he aprendido por fin que no nací para ser protagonista. O nací para serlo solo de mi propia vida.

Ahora sé algo más acerca de quién soy que hace diez años, pero seguro que menos que dentro de otros diez (aunque espero que la próxima fiesta de reencuentro sea antes de que pase otra década, chicos). Por eso supongo que ya no necesito reafirmarme en el yo constantemente ni que me suban el EGO todos los días.

Habrá quien me diga que pasar desapercibido es cobarde, que me falta compromiso con la vida, que estoy alienada, que han podido conmigo… ¡Pero me siento tan tranquila, tan a gusto!

Este es el lugar que quiero ocupar ahora. Yo delEGO, ¿y vosotros?

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Estrenamos el Salón de Invitados: Hoy, Álvaro Fraile.

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Hoy el Mundo de Mañana vive un motivo de celebración doble. El primero de todos es que por fin estrenamos la ansiada sección del Salón de Invitados, unas de las que más van a dar que hablar en esta segunda temporada de la página. Estrenar algo siempre hace ilusión y, cuando es algo compartido, en lo que van a participar varias personas y con lo que vamos a poder jugar todos, mucho más. A partir de hoy y cada miércoles llegará puntualmente una firma distinta a esta página a hablarnos de aquello que más le apetezca. Distintas personalidades de los más distintos ámbitos se acercarán a el Mundo de Mañana para ofrecernos una cara distinta a la que nos tengan acostumbrados. En esta casa de todos, al fin, el salón abre sus puertas para charlar y sorprender.

El segundo motivo de celebración es, sin duda, la persona que estrena esta sección. Muchos ya lo habíais adivinado por las pistas que dejé anoche en el facebook. No es ni más ni menos que el gran Álvaro Fraile. Álvaro, aparte de un grandísimo amigo mío desde años incontables, es un brillante músico,un poeta de lo cotidiano y un pensador que hace de los horizontes sencillez y que ahora mismo está arrasando con su último proyecto ‘Sol.Fe.Ando’. Es uno de esos seres humanos generosos y únicos que tienen la habilidad de componer las canciones que, sin saberlo, llevábamos dentro desde siempre. Tengo el privilegio de contarle entre mis amigos y, desde hoy, entre los amigos de el Mundo de Mañana. Lo mejor es que os acerquéis a cualquiera de sus conciertos en cualquier punto de la geografía española o que compréis alguno de sus discos para saber de lo que hablo. Para ponéroslo más fácil, os dejo un enlace a su página personal aquí.

Pero, sin más rollos, que hoy le toca hablar a otros, os dejo, bajo este vídeo de uno de sus últimos temas, las palabras que nos regala Álvaro Fraile para inaugurar este Salón de Invitados de el Mundo de Mañana. ¡Qué emoción! ¡Que lo disfruten!

ME PERDÍA, YA NO.

Yo creo en un Dios… que me guía, me aconseja. Si me desvío, me reconduce. Me habla, le rezo, le reprocho incluso la culpa de haberme perdido por caminos que no llevan a ningún lugar.

Yo creo en este Dios, porque me suelo perder, me pierdo siempre… Si me retas soy capaz de perderme hasta en los sitios que mejor conozco.

No necesito pensar, ni decidir por dónde ir, ni volverme loco discerniendo qué camino será el bueno… yo le digo… “llévame” y Él me conduce por senderos de paz… por el camino recto.

Atrás quedó en mí el instinto de supervivencia…

Atrás quedó el instinto de orientación que llevaba al boyscout que todos tenemos dentro a observar, sobrevivir, interesarse y recorrer el mundo como si se tratase de una gymkana.

Atrás quedó el callejear sin rumbo, improvisando…

Atrás quedó también contemplar los ricos parajes que la vida te ofrece y que siempre están escondidos en algún rincón que uno encuentra por casualidad.

Atrás quedó el tiempo al tiempo.

Atrás quedó el preguntar por dónde ir, por dónde tirar… y buscar luz en alguna plegaria anticuada de diálogos que sólo confunden más y que se convierten tantas veces en súplicas.

Antes andaba sin metas, decidiendo mis pasos sobre la marcha… porque el fin no era el lugar al que uno quiere llegar sino el hecho de caminarlo. ¡Qué de tiempo perdido! Pudiendo llegar a mi objetivo en tiempo record.

Este Dios mío me alienta con voz suave, diría yo… aterciopelada… y me sugiere en imperativo cual debe ser el siguiente paso que debo dar. ¡Es tan maravilloso vaciar la cabeza de uno! … dejarse llevar… no pensar por uno mismo…

Este Dios mío nunca se equivoca. Me equivoco yo. Él, siempre me redirige.

En los tiempos de la incredulidad… donde cualquier autoridad es cuestionada y cuestionable: política, religiosa, ética,… cuando nadie nos creemos nada y dudamos del vecino y del amigo… conozco un Dios en quien puedes depositar tu fe más profunda.

Yo me perdía siempre. Ya no. Me he instalado un GPS en el móvil.

Vivo irremediablemente más agilipollado. Me pierdo el camino, pero no me pierdo en el camino.

Y llego puntual y exacto a cada lugar. Por el Camino Rápido. Por el Camino Recto. ¡Sí señor!

¡Oh Dios Navegador!

Oráculo del TomTom.

Por GPS, Nuestro Señor.

Amén.

Nota importante: el GPS no es apto para personas con capacidad de sorpresa, improvisadores, vividores de esos que sueñan cosas elevadas, ni aventureros. Tampoco es recomendable para quienes vivan sin prisa, ni para quienes prefieran caminar a llegar.

-Álvaro Fraile-

¡Hazte con el libro ‘Cuaderno de Bitácora’ de el Mundo de Mañana!

La cita del mes

"No hay nada más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo".

-Víctor Hugo-

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