solidaridad

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#ÁnimoGalicia

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Colas de donantes de sangre en mitad de la noche más largas que colas del paro.

Hosteleros que ofrecen techo y comida a familiares de las víctimas.

Médicos y enfermeros despedidos que acuden corriendo a los hospitales para atender a las víctimas.

Enfermos que se dan el alta voluntaria para dejar su cama a los que van llegando.

Bomberos de toda A Coruña que abandonan en el acto su huelga y se ponen manos a la obra.

Vecinos solidarios desde el primer minuto, emergencias eficaces…

Hoy no me quedan ganas de hablar de periodistas carroñeros y nauseabundos ni de presidentes de cortar y pegar.

#ÁnimoGalicia

#ForzaGaliza

 

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¡Estrenamos el nuevo buzón de historias!

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La princesa Leia enviando un mensaje de esperanza.

Es la hora. Necesitamos esperanza, necesitamos visibilizar los gestos que, sin salir en las portadas de los medios, están transformando desde ya la realidad. Tenemos que ser conscientes de que el cambio que necesitamos depende de nosotras y nosotros y de nuestra capacidad para organizar la esperanza. Tras los comentarios y sugerencias recibidos a la entrada ‘Solidaridad bajo tierra’, hemos tomado la decisión de crear un nuevo espacio de comunicación entre los lectores y el Mundo de Mañana.

¿Tienes una historia optimista o cargada de esperanza que contar? ¿Has vivido alguna situación en la que un pequeño gesto de esperanza ha cambiado la realidad? ¿Te apetece que la contemos pero te da miedo no saber transmitirla como merece?

Si crees que la mayor denuncia es comunicar la esperanza, tienes historias emocionantes que merece la pena que se conozcan y quieres que les demos forma y las contemos desde el Mundo de Mañana, este es el momento. No dejes de enviarlas por correo electrónico a:

m.a.vazquez22@gmail.com

En breve, comenzaremos a publicar todas las historias que nos vayan llegando. Sólo hay una forma de construir el Mundo de Mañana y es, sin duda, entre tod@s. ¡Muchas gracias!

La fuerza de lo que nos falta. Solidaridad bajo tierra.

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Cuento, por lo que me removió y porque llevo pensando en ello desde hace una semana, una anécdota breve que me sucedió el otro día en el metro. No sea más que porque pueda aprovecharles a ustedes o descolocarles del mismo modo:

El metro. Caras al suelo y silencio de más de medianoche. Quedan pocos minutos para el cierre y los vagones se llenan de personas que vuelven de trabajar, alguna pareja imposible y personajes perdidos en medio del tiempo. Casi siempre que recorro Madrid de oeste a este entre semana me dan estas horas. Recorta el silencio sin avisar y de forma inevitable un hombre que comienza a pedir en voz alta. Piel envejecida y pegada a la calavera, manos gruesas y ásperas, pelo ralo y ropa sucia de hace dos décadas. Arrastra su bolsa de tela y su mirada perdida. “De rodilla se lo pido, ante ustedes y ante Dios”“Pido para comer, pido para comer, pido para comer”“Se lo pido por Dios, se lo pido por Dios, se lo pido por Dios”. Todas las frases tienen la misma entonación. Todas se repiten tres veces. Mi mente, que sabe que no llevo nada, me desnuda la incoherencia de seguir pegado a la pantalla de mi smartphone. No le puedo mirar. No, de rodillas no. Eso nunca. No puedo. “¡Levántate!” Pero mis labios no llegan a despegarse.

El hombre avanza, con el mismo discurso y la misma postura, unos metros más. Al terminar, una mujer caribeña, una de esas que vuelven a estas horas injustas de trabajar, saca de su bolso, envuelto en una bolsa de plástico, lo que parece ser un bocadillo de casi una barra entera de pan y se lo ofrece. El hombre, agradecido pero con la misma mirada perdida al frente, lo recoge y continúa su vagar a través de los vagones. Le ha dado su cena. “¿Qué más da?”, estará pensando probablemente ella, que continúa como si nada su viaje hasta la siguiente estación. Mi mirada se llena de admiración hacia ella al mismo tiempo que se clava en mi cobardía. Es por eso, por la sensibilidad que me ha despertado el gesto y por tener los ojos clavados en ella, que puedo ver algo más. Algo que aún hoy me da vueltas y me hace pensar. Sentado en frente de ella, un hombre, inquieto en su asiento, probablemente con sentimientos muy parecidos a los míos, no aguanta más y expresa en alto lo que le martillea en su cabeza: “¡Es que no puede ser! ¡Me niego!”. Sobresaltado, centro mi atención en él. Abre su mochila, también de trabajar, e impulsivamente y sin tiempo para la reacción de nadie, saca un bocadillo, lo parte por la mitad y se lo ofrece a la mujer. “¡Usted no se queda sin cenar hoy!” La protagonista, muerta de vergüenza y con esa risa que sólo saben tener los nacidos en países bañados por el Caribe, intenta devolvérselo diciendo que da igual, que de verdad, que no pasa nada. “¡Usted ha hecho lo que cualquiera de nosotros deberíamos haber hecho y no se queda sin cenar, no hay más discusión!” La mujer, aún riéndose y resistiéndose un poco, lo recoge. “¡Vaya! ¡Pero si es de jamón! El mío sólo era…”. Llegamos a Sol (ahora la infame vodafone Sol) y bajan juntos.

Solidaridad entre los olvidados. Solidaridad que mueve a solidaridad. Solidaridad que despierta la conciencia de la fuerza de lo que nos falta. Solidaridad bajo tierra.

El café pendiente. Una propuesta revolucionaria.

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Imagen que acompaña al texto que va rodando por las redes sociales sobre el “café pendiente”.

Desde hace unos días, en concreto desde el viernes pasado, me he propuesto tuitear únicamente y por el espacio de una semana mensajes de esperanza. Cansado de la agresividad y el pesimismo que destila Tuiter (o al menos las cuentas a las que sigo), me he lanzado a hacer este experimento en la creencia absoluta (no me cansaré de decirlo) de que la mejor denuncia es comunicar la esperanza. Me está costando, no crean, porque he querido que este ejercicio incluya también los retuits que desde @mavazquez22 hago. El caso es que, poquito a poco, los mensajes van apareciendo y, por fuerza, esta bitácora se va a ver en algún modo contagiada de ello. Prueba de ello es la entrada de hoy: ‘El café pendiente. Una propuesta revolucionaria’.

Antes de entrar en el meollo de la cuestión, permítanme copiarles un breve textito que va circulando estos días por las redes sociales y que da nombre a esta idea de la que quiero hablarles. Dice así:

“Entramos en un pequeño café, pedimos y nos sentamos en una mesa. Luego entran dos personas:
– Cinco cafés. Dos son para nosotros y tres “pendientes”.
Pagan los cinco cafés, beben sus dos cafés y se van. Pregunto:
– ¿Cuáles son esos “cafés pendientes”?
Me dicen:
– Espera y verás.
Luego vienen otras personas. Dos chicas piden dos cafés – pagan normalmente. Después de un tiempo, vienen tres abogados y piden siete cafés:
– Tres son para nosotros, y cuatro “pendientes”.
Pagan por siete, se toman los tres y se marchan. Después un joven pide dos cafés, bebe sólo uno, pero paga los dos. Estamos sentados, hablamos y miramos a través de la puerta abierta la plaza iluminada por el sol delante de la cafetería. De repente, en la puerta aparece un hombre vestido muy pobre y pregunta en voz baja:
– ¿Tienen algún “café pendiente”?

Este tipo de caridad, por primera vez apareció en Nápoles. La gente paga anticipadamente el café a alguien que no puede permitirse el lujo de una taza de café caliente. Allí dejaban en los establecimientos de esta manera no sólo el café, sino también comida. Esa costumbre ya ha salido de las fronteras de Italia y se ha extendido a muchas ciudades de todo el mundo.

“El café pendiente” – Tonino Guerra, contó la historia de uno de sus directores Federico Fellini y Vittorio De Sica. Incidente que, según él, puede traer lágrimas a cualquiera.

Como ven, la cosa es sencilla, sin mucha estrategia detrás y sin demasiada necesidad de organización. Quizá lo único que haga falta es la voluntad de ponerlo en práctica. Tanto es así que, desde el pasado 26 de marzo, día en que comenzó a rodar el texto por Facebook, se han abierto varias páginas en distintos países que fomentan la propuesta y sugieren diferentes formas de llevarla a cabo. Se han llegado a crear incluso, en menos de una semana, propuestas de logos que podrían acompañar, a modo de información, a los bares que se sumasen a esta idea. En nuestro país parece que la cosa también empieza a moverse y, más pronto que tarde, quizá para la semana que viene, comentaremos desde esta misma página todas las iniciativas que se lancen en esta línea. Vamos a intentar que, entre todos, este proyecto llegue lo más lejos posible. La propuesta del café pendiente, de puro sencilla, engancha y apetece ponerla en práctica cuanto antes.

Evidentemente un café no saca a nadie de la miseria, ni tan siquiera del hambre de diario. Pero es un potentísimo motor de solidaridad. Es concienciar a la gente de que puede aportar algo por los demás y es mostrar a los que reciban esta propuesta que no están solos, que alguien piensa en ellos. Además, al ser anónimo, elimina cualquier atisbo de ganar mérito por parte del que lo realiza y la cara que muestra al que lo recibe es la de la colectividad. Ese alguien que piensa en ti para que tomes un café es toda la comunidad, que está contigo. Parece que ese café quisiera decir “¡ánimo!, no estás solo”. Eso, en sí mismo, ya es un paso grande. Por no hablar de lo revolucionaria que es la confianza que exige todo este proceso. Confianza en el nexo entre el que ofrece el café pendiente y el que lo recibe, el dueño del bar, y confianza también en que los que lo necesitan se van a atrever a pedirlo. Este proyecto, tan sencillo, tan fácil de llevar a cabo, tan simbólico como es un café caliente, tiene un profundo poder transformador. Si la cosa funcionase, si la gente se hace consciente de lo necesaria que es la solidaridad y lo fácil y satisfactorio que es llevarla a cabo, ese café podría crecer y empezar a convertirse en otras realidades quizá más necesarias.

El café pendiente es un primer paso. Quizá el primer paso que necesitamos para lanzarnos a esa revolución que empieza a resonar y de la que ya les hablaré más adelante. Una revolución que ha entendido que la solución a nuestros problemas no pasa por esperar a que los grandes líderes nos salven, sino por empezar a cuidarnos entre nosotros y hacer de la fraternidad una bandera real.

¡Hazte con el libro ‘Cuaderno de Bitácora’ de el Mundo de Mañana!

La cita del mes

"No hay nada más poderoso en el mundo que una idea a la que le ha llegado su tiempo".

-Víctor Hugo-

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