Me entero de que hoy, San Francisco de Sales, es el día de los periodistas, y me entero, aparte de porque tuiter es a los días internacionales de no-sé-qué lo que facebook es a los cumpleaños que nunca recuerdas, porque la Asociación de la Prensa de Madrid ha presentado con motivo de la fecha una Declaración en la que se denuncia (al fin) de manera tajante la degradación que está sufriendo la profesión. Aunque me faltan nombres y apellidos en el documento, ciertamente iba siendo hora de concretar de forma oficial ese #gratisnotrabajo que muchxs profesionales llevamos gritando desde hace tiempo (la mayoría de las veces, desafortunadamente, en tertulias de café). Como dato anecdótico, caigo en la cuenta de que la cafetería a la que iba a hacer pellas durante mis años de instituto se llamaba, precisamente, San Francisco de Sales. La vida. Tiene estas cosas, supongo.
Sin embargo, la fecha me hace saltar el océano y la denuncia lícita, a la que me adhiero, y me lleva directamente hasta Honduras, donde ya van 17 comunicadores sociales y periodistas asesinados desde la toma de posesión de Pepe Lobo, heredero del golpe de Estado militar de Micheletti aún no resuelto pero rápidamente olvidado desde esta orilla tan pendiente de la actualidad. El reciente World Report 2012 de la organización Human Rights Watch (HRW), en su apartado de Honduras, remarcaba que «desde que Porfirio Lobo asumió la presidencia en enero de 2010 hasta noviembre de 2011, agresores no identificados asesinaron a al menos 12 periodistas. Muchas de las víctimas habían repudiado el golpe de Estado o habían informado sobre casos de corrupción o violaciones de derechos humanos. Otros periodistas han recibido amenazas de muerte.» Tanto es así que, el año 2010, el país centroamericano fue considerado por Reporteros Sin Fronteras el más peligroso del mundo para ejercer la profesión periodística, por encima de países en conflicto bélico como Irak o Afganistán. Sin embargo, acá, silencio. Y lo que duele más, silencio por parte de sus propios compañeros de profesión. Honduras no le importa a nadie.
Me llega precisamente hoy la noticia de que Gilda Silvestrucci, compañera de Radio Progreso, ese medio resistente en el que tanto pude aprender de la profesión y del compromiso total con la verdad que esta implica, está amenazada de muerte. Unas amenazas que llegan, casualmente, pocos días después de que denunciase, junto al Colectivo Periodistas por la Vida y la Libertad de Expresión, «al señor Porfirio Lobo Sosa, Presidente de la República, al General René Arnoldo Osorio Canales, Jefe del Estado Mayor conjunto de las Fuerzas Armadas, y al General Andrés Felipe Díaz, Jefe de la Guardia de Honor Presidencial, por delitos cometidos contra el ejercicio de los Derechos garantizados por la Constitución de la República, abuso de autoridad y tratos crueles, inhumanos y degradantes.» El relato, que se puede leer en la página de Radio Progreso, es estremecedor y provoca, de pura impotencia, la rabia y la nausea. Tras varios días de sospechas sobre vehículos que, al parecer, la seguían, recibió una llamada anónima que le decía «ya sabemos que tenés tres hijos, que la mayor tiene 15 años, que ahorita andás en la calle con tu hijo de 7, y que la mayor está en tu casa, cuidando a la niña de 1 año, y te vamos a matar.» Todo por ser periodista. Todo por buscar la verdad.
Es por casos como este por lo que merece la pena proteger la profesión, es por esto que es tan importante procurar y fomentar la existencia de periodistas independientes que se arriesguen a denunciar y a buscar más allá de lo que ofrecen las agencias (tan controladas), es por esto que es lícito y urgente un documento como el de la Asociación de la Prensa de Madrid, ya que un periodismo digno exige una remuneración y unas condiciones de vida dignas. Porque sin periodistas independientes, casos como el de Gilda Silvestrucci y tantos otros profesionales comprometidos quedarán silenciados. Porque si tiene algún sentido o alguna coherencia esto del #diadelosperiodistas más allá de la autopalmadita en la espalda, llevará asociado, a la fuerza, el nombre de Gilda Silvestrucci.
Me paseo en los últimos días por mis redes sociales y no puedo dejar de sentir una cierta desazón. Imágenes que incitan a la Tercera Guerra Mundial, otras que hablan de tambores bélicos desde las catacumbas de internet, mensajes que piden el levantamiento físico contra los Estados Unidos de América y amenazas que, cargadas de ira, prometen acabar con todo lo establecido. Podría pensarse que algunos analistas tenían razón y que al fin la situación se ha vuelto insostenible, la gente no aguanta la opresión del sistema financiero, injusticias como la hambruna de Somalia, el lucro de los banqueros o el cinismo de las agencias de calificación y todos los que las apoyan y esto ha provocado el inicio de una revuelta armada imparable. Pero no, el motivo de la rabia profunda que lleva a saltarse a la torera los principios de no violencia y revolución pacífica por los que muchxs llevamos luchando un buen tiempo es que han cerrado una página de descargas de internet, es que (en una profunda mayoría de los casos) ya no puedo gestionar mi ocio casero de forma gratuita. Uno, que ha visto ya demasiadas muertes absurdas, demasiada sangre y demasiadas situaciones de violencia como para que esta le repugne, no puede sentir menos que una cierta desazón en estos días, supongo que me entenderán.
Quiero que conste desde un primer momento, y que sirva como perspectiva desde la que leer esta entrada, que soy un profundo defensor, promotor y creyente de las licencias Creative Commons, del Copyleft y de una visión de la Cultura como algo universal y necesariamente compartible para que tenga sentido. Cualquier obra de cualquier disciplina artística sin espectador carece de razón de ser. Cuanto más lejos llegue cualquier conocimiento con todas las facilidades posibles, más servirá a la Humanidad y ayudará a construir futuro. Este mismo blog, de hecho, se rige bajo licencias de Creative Commons. También me parece importante remarcar, antes de abordar mi aporte al debate sobre Megaupload, que no defiendo la actuación del FBI como tampoco defiendo tantos (tantísimos) otros aspectos de la política estadounidense en general. Me sumo a la corriente que cree que tal vez haya cosas más urgentes que cerrar y encerrar como Guantánamo, las agencias calificadoras, Wall Street o los responsables bancarios y políticos de la que tenemos encima (y de la que tienen encima pueblos como el de Somalia). Dicho esto, y espero que aclarado, me veo en disposición de dar mi opinión sobre todo este tema.
A los ‘Ocho argumentos sobre Megaupload‘ que tan brillantemente (como suele hacer) expone Ignacio Escolar en su blog, quería yo añadir un matiz que por lo general suele pasarse por alto cuando sale este debate en las redes y en los medios. Estamos acostumbrados a escuchar la definición del artista y del creador como un vividor absoluto que en vez de dedicarse a trabajar y a ganarse el pan con el sudor de su frente, escribe cancioncillas (además malísimas todas menos precisamente una, la que nos descargamos), o poemas, o se dedica a hacer películas terribles que además valen un dineral. Es una definición esta muy fácil de asumir para justificar argumentos y prácticas y que, de puro maniquea, no nos complica demasiado la vida. Esto es verdad y punto. Ya tenemos al enemigo (enemigo necesario por otra parte, para disfrutar del ocio que queremos tener gratis; si hay mil páginas descargas pero ni un solo creador que haga series, películas terriblemente malas, poemas o canciones, no tendremos ocio gratuito que descargar) (Nota: con esto no quiero decir que las páginas de descargas sólo sirvan para descargar ocio, pero también). Por contra, en frente, tenemos a aquel que, saltándose la legalidad en muchas ocasiones, comparte la cultura y la hace accesible a todo el mundo. Esto, en último término, es defender, no sólo la cultura, sino también la libertad y la justicia. Ya no daremos más dinero a las productoras ni nadie se enriquecerá injustamente sobre valores universales. Definición asumida. Esto es así y punto. No hay matices, complican el debate y la reflexión. Pero, de pronto, aparece un personaje como Kim Schmitz, el mero mero de Megaupload, y se nos caen un poco los esquemas.
Vuelvo a recordar, en este punto, que estoy a favor de compartir contenidos culturales y de todo tipo en la red, que para eso sirve, que el futuro va por ahí y que ese es el avance que la sociedad necesita, que defiendo las licencias que permiten ese uso de la red y que creo que movimientos fundamentales como el 15-M no hubieran sido al menos iguales a como fueron sin esa facilidad de comunicar información. Y vuelvo a recordarlo tras mencionar a Kim Dotcom, como se hace llamar, por un motivo que en mi opinión es fundamental. Yo, como creador, como poeta y periodista, como persona que a veces reflexiona con un papel en blanco delante, estoy dispuesto a compartir todo lo que hago y es mi voluntad hacerlo sin necesidad de lucrarme por ello. No hago esto por dinero y es mi deseo que, aquel que vea algo interesante en mis palabras, las comparta con sus redes y círculos cercanos. Puedo entender también que en algunos casos se salten determinados derechos y fronteras de forma desinteresada con tal de hacer llegar el saber a un mayor número de gente. Ahora bien, lo que no es de recibo en ningún caso, en mi opinión, es lucrarse a costa de la creatividad de los demás. El señor Kim Schmitz, o los dueños de seriesyonkis y otras, manejan cantidades obscenas de dinero por el hecho de compartir cosas que, en último término, no son suyas y de las que, en una gran mayoría de los casos, no han pedido permiso para hacerlo. No veo coherente la opinión de los que critican que un autor se gane el pan con su creación y sin embargo defienden a los que se enriquecen de manera como digo obscena a costa de la creación de otros. Si yo no gano dinero con mi obra, otros tampoco. Es el salto que hay entre compartir, que es de justicia, y la tomadura de pelo, que es muy de este sistema nuestro de la avaricia y la acumulación.
Se habla estos días, como digo más arriba, de valores como Cultura, Libertad y Justicia y se pone como bandera de estos a Megaupload y, en último término, a su fundador, ahora entre rejas, hasta convertirlo casi en un mártir de los mismos. Sin embargo, me van a permitir que no crea en los adalides de la libertad que lo son porque esto les supone un beneficio económico. No podemos caer en la trampa fácil de convertir en héroe a alguien que, en el fondo, no es más que un engranaje del sistema. Este señor, profundamente capitalista, negociante con libertades y derechos y, además, autoabanderado de la nueva sociedad entre yates, cochazos y mansiones, no representa ni de lejos mi lucha y creo que tampoco la de muchos de los que en estos días le defienden a capa y espada. No será este señor Schmitz ni tampoco un negocio como Megaupload el que me lleve a mí a una Tercera Guerra Mundial. Hay otras prioridades que tengo por encima de ver series gringas.
La solución, en mi opinión, a todo este debate pasa por atreverse a meter los matices en el mismo, por salir de una vez de las definiciones maniqueas y, sin ningún lugar a la duda, por fomentar páginas de descargas que hagan el mismo servicio a la sociedad que Megaupload pero sin que se lucren los gestores de la misma sobre el trabajo de otros. Porque, señor Schmidtz, siento decirle que usted y su lujoso estilo de vida, tampoco me representa. Ni a mis versos.
Un padre perdido y sólo en medio del desierto del Sáhara buscando desesperadamente a su compañera y a su hija de cuatro años, las cuales, a su vez, han emprendido semanas antes una ruta imposible a través de ese mismo desierto camino de España, donde creen que todavía sigue encerrado el hombre que está detrás de ellas. No es el argumento de una película. No se trata de una novela de algún autor New Age con una enrevesada metáfora sobre la vida y el destino. Pasó. Y pasó muy cerquita de aquí, en una historia que comienza con una travesía de cuatro años por África camino a la prosperidad y tiene su trágico punto de inflexión en el siniestro CIE de Málaga.
Debido a mi trabajo junto al partido Por Un Mundo + Justo he tenido la ocasión de acercarme y visitar en dos ocasiones el CIE de Ceuta (allí CETI), la última con motivo del comienzo de la campaña electoral de las pasadas generales. Tras la ya tradicional «pegada» de carteles en la valla infame que separa los dos continentes como gesto de denuncia y como símbolo del punto donde comienza esta lucha, iniciamos el ascenso a la colina donde lxs inmigrantes son encerradxs por el mero hecho de serlo. Las historias que allí se narran parecen sacadas, si no de una película de ficción, al menos relatadas desde un país lejano tanto en kilómetros como en derechos. Sin embargo son historias que pasan dentro de las fronteras de nuestro territorio nacional, atravesando los no más de 14 kilómetros del Estrecho de Gibraltar, en ese mundo irreal y como sacado de otro siglo que es Ceuta. Familias ahogadas al intentar cruzar a nado la escasa distancia que separa Marruecos de España aprovechando los días de niebla, miles de subsaharianxs viviendo en montes y colinas esperando, durante años, el momento de saltar, disparos en la frontera, cementerios flotantes, vallas triples de más de siete metros. Francisco Javier, taxista veterano, nos cuenta, al llevarnos a conocer el paso fronterizo donde más inmigrantes han fallecido, que algunxs internxs pueden llegar a estar hasta tres años encerrados en el CETI y que luego, cuando ya no caben más (hay unos 600 internxs en un centro preparado para 200), lxs llevan por otros CIEs de la península hasta que consiguen los medios y los convenios necesarios para deportarlxs. Increíble.
No tuvieron que esperar tanto, sin embargo, los protagonistas de la historia que quiero recordar hoy. Sucedió hace casi cuatro años, el 22 de octubre de 2008. Tras varios años de travesía por diversos países africanos desde su Sierra Leona natal y de espera tensa en Marruecos, Sony Benedu, su compañera Esther, de la que se enamoró a lo largo de su particular aventura, y la pequeña Gift, hija de ambos nacida en las noches de hambre marroquíes, consiguen embarcar hacia España con tal mala suerte que su cayuco zozobra en las frías corrientes del estrecho y tienen que ser rescatados por las fuerzas de seguridad. Fueron trasladados directamente a ese CIE de Málaga tan denunciado en estos días por sus ruinosas condiciones, certificadas por su precintado exterior a pesar de seguir lleno de reclusxs. Allí fueron separados, los hombres a un lado y las mujeres a otro, y, tras pasar aproximadamente 40 días internados, el Estado decide deportar, «por razones humanitarias» como dirá después la policía, a la madre y a la hija. Sólo se les pasó un pequeño detalle por alto: al no tener convenio de repatriación con Sierra Leona, deciden que enviarlas directamente y sin informarlas a Nigeria, a cinco países del suyo, es la mejor opción. Perdidas y solas, Esther y Gift Benedu, de cuatro años, no tienen forma alguna de avisar al padre de la niña de su paradero. Cuando este se entera, dos días después de la deportación, sufre una crisis de ansiedad que requirió asistencia médica, motivo por el cual es deportado al día siguiente también a Nigeria. Sony logra ponerse en contacto con la Coordinadora de Inmigrantes de Málaga, la cual transmite su denuncia al CIE y exige responsabilidades al mismo, pero no consigue encontrar ni rastro de su familia. Tras tres meses desesperados de búsquedas, llamadas, investigaciones y vagabundeos en un país en el que no todo el mundo habla su idioma, descubre, con horror, la pista más probable del paradero de su compañera y su pequeña niña. Convencidas ellas de que Sony sigue encerrado en España, optan por retomar el camino de vuelta a Europa atravesando el desierto para llegar a Marruecos de nuevo y allí, esperar la oportunidad para saltar al continente y reencontrarse. Cuando Sony asume esta posibilidad, y se resigna al hecho de que es la única que tiene, decide lanzarse al desierto en un camino a ninguna parte en busca de su familia.
Esto es lo último que se supo de Esther, de la pequeña niña Gift y de Sony. Esta misma mañana, queriendo saber el final de la historia, me puse en contacto con Gerardo, de la Coordinadora de Inmigrantes de Málaga, el cual me confirmaba cómo la última llamada que recibieron de Sony fue la que certificaba finalmente que se iba tras su mujer y su hija. Después, nada.
Estas historias, que, como decía al principio, parecen las de una película porque no queremos creer que sean verdad, son la crisis. Esto que permite nuestro Estado, con nuestra connivencia, es la crisis. Y no sale en las portadas de los periódicos, y no ocupa espacio en las tertulias de sabios, y no protagoniza los programas electorales. Sin embargo la calle, que ya sabe que tiene vuelve a tener voz, lleva una semana dando miles de #razonesCIErre. Mañana viernes saldrán a protestar en Barcelona y Valencia para exigir la clausura de estos pequeños Guantánamos patrios. Ojalá se consiga algo, aunque sea mover la opinión de los que aún no saben lo que está pasando. Mientras tanto, la niña Gift, seguirá recorriendo los desiertos de nuestra insolidaridad y de nuestra injusticia.
Este blog hoy no actualiza contenidos en protesta por la Ley SOPA y como denuncia de la misma.
Uno de los personajes que me traje en la mochila hondureña fue, paradójicamente, el Mahatma Gandhi. Su frase «no hay camino para la paz, la paz es el camino» presidía, junto a su retrato y el de Monseñor Romero, uno de los muros de Paso a Paso, el centro juvenil para chavos y chavas con ganas de soñar y saberse especiales donde tanto aprendí, disfruté y viví junto a mis amigos Silvia y a Óscar. El mero hecho de invocar el nombre del personaje convertido en icono del pacifismo y la no violencia en uno de los sectores más peligrosos de la ciudad que hace pocos días ha recibido el más que dudoso honor de ser la más violenta del mundo, por encima ya de Ciudad Juárez, era y es en sí mismo un acto cotidiano de heroísmo. Así, sintiéndome interpelado por la mirada que refugiaban los lentes redondos, devoré la biografía del líder independentista de India.
Una de mis aficiones desde el bachillerato consiste en investigar qué era lo que leyeron los personajes que admiro de las más diversas disciplinas para convertirse en lo que luego fueron. Qué versos inspiraron a tal poeta, qué ideas trastocaron a aquel filósofo, qué novela puso en pie al héroe… En algunos casos, si el personaje me fascina especialmente o siento que hizo las cosas como deben hacerse, me adentro en sus lecturas con el ánimo de que se me contagie algo que me ayude a hacer de este mundo ese otro en el que creo. Tras leer, de manera providencial, algunos capítulos de ‘El Reino de Dios está en vosotros’, de Lev Tolstoi, y a la espera de conseguir un ejemplar decente del ‘Baghavad gita’, anoche me terminé ‘Sobre el deber de la desobediencia civil’ de Henry D. Thoreau, tres de los libros que marcaron definitivamente y para siempre la lucha y la vida del Mahatma Gandhi.
No he podido evitar, tras mi lectura con nocturnidad y alevosía, rescatar algunas frases del libro y compartirlas con vosotros y vosotras, no sea más que por recordármelas a mí mismo y lanzarme a ponerlas en práctica. Son 18, las mismas que años hacen falta para ser considerado mayor de edad, en espera de que sirvan de abono para una revolución madura. Que las disfruten:
1.- «¿Debe el ciudadano someter su conciencia al legislador por un solo instante, aunque sea en la mínima medida? Entonces, ¿para qué tiene el hombre su conciencia? Yo creo que debiéramos ser hombres primero y ciudadanos después. Lo deseable no es cultivar el respeto por la ley, sino por la justicia. La única obligación que tengo derecho a asumir es la de hacer en cada momento lo que crea justo.»
2.- «Unos pocos, como los héroes, los patriotas, los mártires, los reformadores en un sentido amplio y los hombres sirven al Estado además con sus conciencias y, por lo tanto, las más de las veces se enfrentan a él y, a menudo, se les trata como enemigos.»
3.- «Todos los hombres reconocen el derecho a la Revolución, es decir, el derecho a negar su lealtad y oponerse al gobierno cuando su tiranía o su ineficacia sean desmesurados e insoportables.»
4.- «(…)cuando una sexta parte de la población de un país que se ha comprometido a ser refugio de la libertad está esclavizada, y toda una nación es agredida y conquistada injustamente por un ejército extranjero y sometida a ley marcial, creo que ha llegado el momento de que los hombres honrados se subleven y rebelen.»
5.- «Si le he quitado injustamente la tabla al hombre que se ahoga, debo devolvérsela aunque me ahogue yo.»
6.- «Por cada hombre virtuoso, hay novecientos noventa y nueve que alardean de serlo.»
7.- «Incluso votar por lo justo es no hacer nada por ello. Es tan sólo expresar débilmente el deseo de que la justicia debiera prevalecer.»
8.- «Si me entrego a otros fines y consideraciones, antes de dedicarme a ellos, debo, como mínimo, asegurarme de que no estoy pisando a otros hombres.»
9.- «Al soldado que se niega a luchar en una guerra injusta le aplauden aquellos que aceptan mantener al gobierno injusto que la libra.»
10.- «¿Cómo puede estar satisfecho un hombre por el mero hecho de tener una opinión y quedarse tranquilo con ella? ¿Puede haber alguna tranquilidad en ello si lo que opina es que está ofendido?»
11.- «Un hombre con más razón que sus conciudadanos ya constituye una mayoría de uno.»
12.- «Estoy seguro de que si mil, si cien, si diez hombres que pudiese nombrar, si solamente diez hombres honrados, incluso si un solo hombre honrado en este Estado de Massachussets, dejase en libertad a sus esclavos y rompiera su asociación con el gobierno nacional y fuera por ello encerrado en la cárcel del condado, esto significaría la abolición de la esclavitud en América.»
13.- «La reforma cuenta con docenas de periódicos a su favor, pero ni con un solo hombre.»
14.- «bajo un gobierno que encarcela a alguien injustamente, el lugar que debe ocupar el justo es también la prisión.»
15.- «Si las alternativas son encerrar a los justos en prisión o renunciar a la guerra y a la esclavitud, el Estado no dudará de cuál elegir. Si mil hombres dejaran de pagar sus impuestos este año, tal medida no sería ni violenta ni cruel, mientras que si los pagan, se capacita al Estado para cometer actos de violencia y derramar la sangre de los inocentes. Esta es la definición de una revolución pacífica, si tal es posible.»
16.- «(…)aquellos que afirman la justicia más limpia y, por tanto, los más peligrosos para un Estado corrompido, no suelen haber dedicado mucho tiempo a acumular riquezas.»
17.- «Pero los ricos (y no se trata de comparaciones odiosas) están siempre vendidos a la institución que les hace ricos. Hablando en términos absolutos, a mayor riqueza, menor virtud; porque el dinero vincula al hombre con sus bienes y le permite conseguirlos y, desde luego, la obtención de ese dinero no constituye en sí mismo una gran virtud. El dinero acalla muchas preguntas que de otra manera tendría que contestar, mientras que la única nueva que se le plantea es la difícil pero superflua de cómo gastarlo.»
18.- «Decía Confucio: Si un Estado se gobierna siguiendo los dictados de la razón, la miseria y la pobreza provocan la vergüenza; si un Estado no se gobierna siguiendo la razón, las riquezas y los honores provocan la vergüenza.»
Y en mi cabeza, los CIEs, las detenciones arbitrarias, la violencia de los antidisturbios contra manifestaciones pacíficas, el príncipe Felipe sentándose a la mesa de los que matan campesinos y golpean al pueblo en Honduras…
Hoy todo tuiter da sus razones para cerrar, de una vez, esas cárceles ilegales, inmorales e injustas para inmigrantes que son los CIEs. Puedes leerlas todas aquí.
Ando liado hoy con la preparación del recital de poesía que mañana jueves daré en El Despertar, pero no quería dejar de compartir con ustedes esta exclusiva que nos regala la página Humor Indignado 99%. Al parecer el gobierno de Mariano Rajoy ha dado con la clave económica para hacer más llevadera esta crisis, especialmente en este frío invierno. Casi nada…
Les invito a que dejen, si les apetece, más ideas originales anti-crisis en los comentarios a esta entrada. Habrá premio para la más ingeniosa. Mientras, yo me voy a seguir con mi lectura de Thoureau y su ‘Desobediencia civil’, en esta manía que me ha dado por leer los libros que leyó Gandhi, y a perpetrar maldades para el recital de mañana. Estreno temporada. Invitad@s quedan.
Nos lo recordaba Mario Benedetti hace años con unos versos crudos y profundamente sinceros. Nos lo cantó Serrat haciendo suyas las palabras del poeta uruguayo. Nos lo gritan los datos ocultos tras el oficialismo de la crisis. El Sur también existe.
Ayer lunes Nigeria vivió una de las mayores huelgas en la historia del país, consiguiendo paralizar sus mayores ciudades así como el espacio aéreo. Según los convocantes, unas 100.000 personas salieron a las calles a protestar y hoy se espera que se duplique este número. Hubo nueve víctimas mortales, entre ellas un niño de 15 años y otro de ocho. Al parecer la policía, unos 23.000 efectivos sólo para la ciudad de Lagos, disparó a dar.
El nombre que bautiza la protesta nos es profundamente familiar: #OccupyNigeria. Denuncian, a consecuencia de la eliminación del subsidio al petróleo, la corrupción política y las altos sueldos del gobierno del presidente Goodluck Jonathan. Lo explican fenomenalmente desde GuinGuinBali aquí. Por resumir, y para que nos hagamos una idea, Nigeria, país exportador de crudo con 2’5 millones de barriles diarios, subvencionaba la gasolina de los nigerianos debido a que no existen refinerías en el país y se ven obligados a comprarla de fuera. Al eliminar el pasado 1 de enero este subsidio sobre el combustible, la gasolina ha pasado de costar 35 céntimos de euro por litro a unos 75 céntimos de euro aproximadamente. Todo esto por pagar un petróleo que, en último término, es suyo. Todo esto en un país en el que la mayoría vive con menos de 1’5 euros al día.
La historia nos suena a ya escuchada, la del país en vías de desarrollo tiene que pagar una cantidad obscena por los productos manufacturados de sus propios recursos naturales. Pero lo cierto es que ayer murieron nueve personas (dos de ellas niños) por denunciar esta injusticia, y lo hicieron bajo el nombre #OccupyNigeria, bajo la bandera del 99%, en las olas de la Primavera Árabe y nuestro #15M. Sin embargo, no fueron Trending Topic y hoy muchos no sabrán de la esperanza despertada y de la necesaria solidaridad con su lucha. Los medios tradicionales de nuestro país venden de soslayo la versión oficialista de los conflictos religiosos como causantes de los disturbios, despistando al lector del epicentro de la lucha.
Cuando salimos a la calle el pasado 15 de mayo con intención de tomarla, despertamos algo a nivel mundial que sobrepasó todas las expectativas, saltó a occidente la revolución necesaria para detener el ansia de los acaparadores, para traer la justicia por el camino de la paz. Pero esto despertó también una profunda responsabilidad con los ecos que surgirían después de Sol. No podemos olvidarnos, en nuestras reivindicaciones, de la mitad del planeta. Si reducimos la crisis a nuestra hipoteca, nuestro paro, nuestra Constitución, nuestros partidos o nuestros servicios públicos nos olvidamos de que enfrente tenemos a un adversario global y que se alimenta, para mantenerse, de los países de los que lleva haciéndolo durante siglos. Que la lucha sea global significa que yo lucho por los derechos de otr@s como si fueron los míos propios aunque estén a kilómetros de distancia y luchar por los derechos de otr@s significa conocer, sentir como mías, interiorizar, sus preocupaciones y sus luchas. Incluso priorizarlas cuando la urgencia de la situación así lo indique.
Que la lucha, nuestra lucha, la que vimos nacer en Sol el 15 de mayo, sea global implica, por coherencia, que el Sur también existe. Como ya lo dijera Benedetti. Como ya lo cantara Serrat.
Vídeo de Al Jazeera con testimonios de las protestas de ayer en Nigeria: